Salud

Alertan sobre uso de falsos productos milagrosos contra el coronavirus

Del dióxido de cloro hasta las nanoterapias, médicos especialistas de distintas partes de México señalan por qué no son efectivos contra el coronavirus.

Por  Lorena Caro

El dióxido de cloro no sirve contra el coronavirus(Foto temática Freepik)

El dióxido de cloro no sirve contra el coronavirus | Foto temática Freepik

México.- A través de un grupo de WhatsApp con excompañeros de universidad, a Loúrdes, de 62 años de edad, le llegó un mensaje que anunciaba la venta de dióxido de cloro en gotas para curar y prevenir en 24 horas el COVID-19. Con una imagen se describe la eficacia del producto para otras enfermedades, la forma de elaboración y el costo, que varía entre 450 y 350 pesos.

Pero la promoción de dicha sustancia no solo se puede encontrar en mensajes de WhatsApp, también está en diversas publicaciones de Facebook, Twitter y YouTube, con decenas de vendedores, incluso con precios más bajos, como 130 o 170 pesos. En todas las plataformas se puede observar el amplio interés de la ciudadanía por adquirirlo. 

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Lo cierto es que el dióxido de cloro forma parte de una amplia lista de productos y tratamientos milagrosos que hoy en día son vendidos y promocionados con la promesa de combatir al nuevo virus, junto a suplementos alimenticios en polvo o pastillas, nanomoléculas de zinc o cítricos, productos homeopáticos como tés y otros tratamientos a base de nanotecnología y el factor de transferencia. 

Ante ese panorama, médicos especialistas y científicos han destacado para EL DEBATE que los anteriores métodos no solo son ineficientes contra el COVID-19, ya que no están validados para el uso contra dicha enfermedad por ninguna organización o dependencia de salud, sino que, contrariamente, algunos pueden ser altamente tóxicos y dañinos para el cuerpo humano. 

Alertan sobre uso de falsos productos milagrosos contra el coronavirus

Alertas sobre usos

Martín Ahumada Quintero, especialista en cardiología que en 2009 tomó un papel fundamental en el combate de la influenza en Sinaloa, señaló que dichas sustancias se están utilizando de forma muy frecuente en la actualidad contra el COVID-19, y de alguna manera pueden hacer sentir a las personas una sensación reconfortante y sentir un alivio quizá de los síntomas; no obstante, aclaró que eso no quiere decir que son medicamentos que ayuden a curar al nuevo virus o a prevenirlo, ya que hasta ahora no existe ningún medicamento en el mundo que haya curado ni tampoco prevenido la nueva enfermedad. 

Para EL DEBATE, abundó que hay un lineamiento fundamental de la Secretaría de Salud en México y también de parte de la Organización Mundial de la Salud sobre no automedicarse: «Actualmente no existe evidencia científica que esté avalando o que garantice que estos productos milagrosos o que estas sustancias que se están promoviendo mucho en redes sociales por WhatsApp sean eficaces para curar la enfermedad de COVID-19, y tampoco hay estudios que digan que son seguros. Es decir, que aparte de que no curan la enfermedad, pueden causar un daño particular por su uso», advirtió. 

En su experiencia como médico, dijo que actualmente se han visto pacientes que se han quedado en casa, que no se atienden médicamente y que han retrasado la oportunidad de ir a un hospital, prefiriendo tomar el dióxido de cloro; sin embargo, añadió que finalmente han terminado con complicaciones más graves en el hospital y con mayor retraso para obtener un tratamiento médico. Por lo tanto, reafirmó que no sugieren el uso de medicina alternativa porque no existe evidencia de prevención o curación contra el COVID-19. 

Principales efectos nocivos

José Luis Sánchez Salas, químico farmacobiólogo y doctor en Ciencias con Especialidad en Microbiología, explicó para EL DEBATE que el dióxido de cloro es un desinfectante que algunas personas proponían para usarlo en el cuerpo humano; sin embargo, se debe entender que el cuerpo humano funciona con ciertas condiciones fisiológicas, el pH igual a 7 o ciertas sustancias que son propias del cuerpo que no deben ser dañadas. 

Explicó que una persona con COVID-19 que consume este producto puede sufrir consecuencias graves. Un ejemplo de ello es que el COVID-19 tiene entre sus efectos que cuando infecta una célula, empieza a replicarse, se adueña de todo lugar, y esa célula después muere, liberando su contenido intracelular, y eso desencadena un proceso inflamatorio. Cuando ya se tiene una infección inflamatoria, lo que menos se debe hacer es agregarle algo que produzca más inflamación, según explicó.

Por lo tanto, Sánchez Salas abundó que el dióxido de cloro haría ese efecto, pero lo haría con cualquier célula, las buenas y las malas: «No es conveniente usarlo. Sí he escuchado, también me ha llegado información así a mensajes de WhatsApp, incluso gente que se pone bata y es médico y explica una fisiología muy rara, lo cual indica que desafortunadamente esas personas desconocen la fisiología humana. Me llama la atención que qué pena que sean médicos, si es que lo son, que expliquen un fenómeno de una manera que parece lógica, pero no lo es, entonces incluso ha habido gente que inyecta el dióxido de cloro, y dices “¡qué están haciendo!, ¡en verdad qué están haciendo”», cuestionó. 

Sánchez Salas, quien también es académico en la Universidad de las Américas Puebla, destacó que el COVID-19 mantiene una situación complicada por el desconocimiento de un tratamiento que lo cure, por lo cual se usan diferentes métodos; sin embargo, añadió que cualquier sustancia que se trate de usar para el tratamiento de una enfermedad primero debe saberse cómo actúa, cuál es el efecto tóxico, cuándo es malo y debe tener un control: «Los médicos y también investigadores están buscando nuevas formas para controlar la enfermedad, tratando de evitarla, que serían las vacunas o los fármacos cuando está la enfermedad, y en los casos graves la oxigenación o antiinflamatorios, pero usarlos en el momento adecuado. También tenemos un proceso del desarrollo de la enfermedad ya casi final, y le ponen el antiinflamatorio, y dices “no sirvió, se murió”, y es el tiempo. Si los medicamentos que se deben de utilizar a veces no dan resultados, una sustancia que es tóxica va a ser más grave», afirmó. 

Martín Ahumada agregó que la Administración de Alimentos y Medicamentos de EUA (FDA, por su siglas en inglés) ha encontrado que el dióxido de cloro en su consumo humano produce insuficiencia respiratoria, reduce el oxígeno en la sangre, causa arritmias cardiacas y más recientemente vómito, diarrea, así como alteraciones de los glóbulos rojos, por lo tanto destacó que no está validado su uso, aunque se ha visto muy utilizado. 

Señaló que muchos ciudadanos avalan su uso porque mencionan que lo han utilizado por mucho tiempo y que no han enfermado, pero advirtió que eso no significa que sea razón para recomendarlo. 

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Tratamientos alternativos milagrosos

En el sentido general, José Luis Sánchez Salas, doctor en Ciencias con especialidad en microbiología, reconoció que cualquier sustancia o suplemento que potencie el sistema inmune podría ser bueno; sin embargo, detalló, de acuerdo con su experiencia, que el problema del COVID-19 es que exacerba el sistema inmune; es decir, hay una sobreproducción de sustancias proinflamatorias que son al final las responsables del daño pulmonar: «Si potenciamos nuestro sistema inmune, además exacerbamos más nuestra respuesta, y podría ser no tan agradable». 

Aclaró que una cosa es el sistema inmune al momento de la enfermedad aguda, y otra antes de cualquier padecimiento: «Esta situación es un poco complicada, porque si no se dan los tratamientos adecuados, las dosis adecuadas en el momento adecuado, puede ser fatal; ¡y si ahora damos sustancias que no sabemos...!». 

Además, en los últimos meses en México se ha promovido el uso de tratamientos milagrosos en el combate al COVID-19, algunos de ellos a base de nanotecnología, que es el procesamiento, la separación y la manipulación de materiales átomo por átomo. Ocurre particularmente en el caso de medicamentos aplicados en forma de nanopartículas o derivados del zinc y cítricos. 

Sánchez Salas aclaró al respecto que las nanopartículas se refieren únicamente al tamaño de la dosis: «Entonces, son partículas muy pequeñas, pero incluso muchas de ellas pueden atravesar muchas membranas, y tiene un efecto de producción de antioxidantes, muy parecido al dióxido de cloro, y entonces no solamente matan al virus, sino también a la células, pero todo depende de las dosis», aclaró. 

Asimismo, dijo al respecto que todos los compuestos farmacéuticos tienen un grado de toxicidad, y casi siempre se tienen efectos secundarios, dañando el riñón, al hígado o alguna otra cosa.

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En ese sentido, explicó que se han hecho ya preparados, por ejemplo de sustancias que se aplican de forma «gruesa» o «normal», y se ha logrado un efecto determinado, pero si se convierten a nanomoléculas o nanoestructuras, entonces el efecto es diferente y es positivo porque provoca que se reduzcan las dosis tóxicas antes mencionadas. En el caso de nanotecnología para COVID-19, dijo que podría tener un buen efecto siempre y cuando sea el medicamento correcto, que a la fecha no existe. 

Sobre el tratamiento conocido como factor de transferencia, que de acuerdo con el Instituto Nacional de Cáncer se trata de una sustancia elaborada por algunos glóbulos blancos que al transferirse de una persona a otra puede provocar una respuesta inmunitaria, el experto mencionó que si bien este tratamiento ha funcionado en pacientes con sistemas inmunes deprimidos como el caso cáncer o VIH, no significa que vaya a funcionar en las demás enfermedades. Por lo tanto, reafirmó que no hay garantía de que funcione en COVID-19

Lo que sí ha funcionado contra el nuevo coronavirus —afirmó—, y que además tiene base científica, es la transfusión de plasma de personas que ya han enfermado a pacientes enfermemos para generar anticuerpos protectores contra el virus. 

Nuevos medicamentos

Martín Ahumada, también secretario técnico del Consejo Ciudadano para Mitigar los Efectos del COVID-19 en Guasave, señaló que en la medicina hay muchos procesos de validación. En el caso de

, se comenzaron a utilizar la hidroxicloroquina y la azitromicina; empero, la enfermedad ha mostrado mecanismos diferentes, como la trombosis o procesos inflamatorios, por lo que se empieza a evaluar la utilización de esos medicamentos: «Está corriendo un estudio que se llama Solidaridad y Solidarity, evaluado por la Organización Mundial de la Salud, evaluando el remdesivir, productos como el lopinavir, y se ha encontrado que el primer producto que antes se usaba mucho fue la hidroxicloroquina, y se determinó que su uso no era eficaz ni para prevenir ni para tratar de usarla, y que incluso podría producir mayores efectos secundarios, por lo tanto se ha dejado de utilizar tanto en prevención como en tratamientos», aseguró. 

Ante esto, destacó que también se ha encontrado que hay medicamentos antivirales que podrían ayudar contra la enfermedad, como el Remdesivir y otros antiinflamatorios, como la dexametasona; sin embargo, recalcó a la ciudadanía que hasta la fecha no existe un fármaco que tenga probada la eficacia: «Por lo tanto, tendremos que ser muy cautelosos y atenderse con el mayor conocimiento y criterio médico para evitar complicaciones por medicamentos no justificados, y así mismo evitar fármacos o sustancias milagrosas», concluyó.

Entrevista en vivo

Siga en directo nuestra entrevista con el experto José Luis Sánchez Salas, químico farmacobiólogo y doctor en Ciencias con especialidad en microbiología, el día de hoy a través del Facebook Periódico EL DEBATE sobre los productos milagro contra el COVID-19, y exponga sus dudas.

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