Salud

Ciencia abierta: arma contra la Covid-19 que debe pulirse

La apertura de la información y su democratización ofrece sus luces y sombras frente a un mundo en pandemia, destacan científicos. 

Por  María Sánchez

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México.- Durante la emergencia sanitaria global, los científicos han podido tener una comprensión del nuevo virus con una rapidez sin precedentes, empujada por la apertura de las instituciones académicas y sanitarias para compartir información, al mismo tiempo que lo han hecho las revistas de ciencias, los laboratorios privados, así como los repositorios de datos alrededor del mundo.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha hecho un llamado a favor de la ciencia abierta, calificándola como cuestión fundamental de derechos humanos, y si bien se han resaltado los beneficios a favor de esta práctica, la pandemia ha demostrado las debilidades y los retos de la misma. La ciencia abierta se caracteriza por estar al alcance de forma gratuita y de libre acceso para su utilización con datos abiertos que puedan ser analizados por los ciudadanos, lo que transparenta el proceso de investigación. 

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Debate analizó un artículo del investigador Lonni Besancon y su equipo, quienes abordan el problema actual desde diferentes ángulos. 

Con beneficios y oportunidades

La rápida distribución de la información científica ha sido crucial para el avance en el desarrollo de estudios científicos encaminados a encontrar una vacuna o un medicamento eficaz contra el coronavirus. Se cuentan actualmente más de 80 mil publicaciones de artículos previos y revisados, tanto de Covid-19 como acerca del virus SARS-CoV-2, al mismo tiempo que arrojan conocimiento sobre los mecanismos del patógeno para generar la infección, sus efectos en el organismo y los detalles genéticos y moleculares del virus, pero la comunidad científica aún enfrenta diversos retos: muchos de esos estudios presentan muchas carencias metodológicas, que dificultan su interpretación o conducen a afirmaciones falsas, que han tenido impacto en la salud pública.

Si bien muchos de estos estudios ya han sido retirados, otros siguen contribuyendo al conjunto de pruebas contra el coronavirus, y son aún utilizados por investigadores y responsables políticos.

Muchos datos y poca calidad

En el preimpreso de la revista Biorxiv, Lonni Besancon menciona que uno de los principales problemas de tener investigaciones poco rigurosas y con información descrita en una calidad no óptima no solo resulta peligroso para la salud pública mundial, sino que también se exacerba el desperdicio de recursos científicos, que, aunados a una mala coordinación de los equipos de investigación en el mundo, han originado procesos de investigación disfuncionales en la búsqueda de respuestas contra la Covid-19.

Algunos de los problemas que Besancon y colaboradores ven evidentes son los siguientes: el tiempo que se dedica a la revisión de los escritos científicos; el uso indebido de material no revisado con rigor, y los conflictos de intereses entre investigadores. Para resolver, los investigadores proponen aplicar los principios de la ciencia abierta al momento actual, con el fin de aumentar el rigor, la confiabilidad y la reproducibilidad de los resultados científicos, de manera que se aumente la eficiencia de la investigación, los resultados aplicados a la salud y los costos económicos relacionados con la Covid-19. 

Corregir fallas y continuar apertura

Si bien gracias a la ciencia abierta se les ha permitido a los medios de comunicación la oportunidad de exponer de primera mano diversos hallazgos científicos, Lonni Besancon considera necesaria una mayor capacitación de los periodistas al mismo tiempo que se abran más espacios de intercambio entre periodistas y científicos, y evitar así exponer al público mucho de este material de investigación de baja calidad sin crítica y sin explicación de si se trata de un preimpreso (artículo que detalla una investigación completa, que no ha sido revisado) o de una investigación revisada, para no sembrar confusión en la población. 

La ciencia abierta es un recurso importante para el avance científico eficiente, y aunque la pandemia ha desnudado los problemas a su alrededor, es justo esta situación la que podría empujar a una mejor coordinación entre académicos, la corrección de las malas prácticas de investigación, y que así se siga permitiendo el acceso a información transparente y de calidad que beneficie a todos, destacaron los investigadores.

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