Salud

El legado ambiental del Covid-19

La pandemia demostró que la salud de las personas esta relacionada con el medio ambiente

Por  Sandra Guido

La salud de las personas se relaciona con el ambiente(Ilustración: Carlos Padrón)

La salud de las personas se relaciona con el ambiente | Ilustración: Carlos Padrón

Culiacán, Sinaloa.- Esta pandemia demostró, de manera contundente, que nuestra salud y la salud del medio ambiente están estrechamente relacionadas.

En los últimos 70 años se ha incrementado de manera significativa la frecuencia de las pandemias ocasionadas por transmisión de virus de animales a humanos como el COVID-19 y existe una abrumadora evidencia científica que demuestra que la mayor frecuencia de estas pandemias está asociada a la creciente degradación ambiental, la extracción de recursos y el cambio climático. 

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¿Cómo se relacionan la salud ambiental y humana?

Para empezar, los ecosistemas son resistentes y adaptables. Mientras mayor biodiversidad albergue un ecosistema, más difícil es que un patógeno se propague rápidamente porque los sistemas inmunológicos de las distintas especies actúan como barreras en esta propagación.

La deforestación para asentamientos humanos o actividades agropecuarias y silvícolas ha fragmentado el hábitat de los animales y destruido las zonas de amortiguamiento naturales que normalmente separan a los humanos de la vida silvestre, con lo que se crean puentes para que los patógenos pasen de los animales a las personas. Por eso, a mayor degradación, mayor riesgo de que ocurran más pandemias. 

Durante el periodo de confinamiento, las emisiones de carbono mundiales diarias disminuyeron en un 17 por ciento comparadas con el año pasado, y circularon imágenes de un mundo irreal: ciudades desiertas en las que la fauna silvestre caminaba alegremente. Estas imágenes -aunque algunas de ellas resultaron falsas- impactaron de manera muy profunda a la sociedad, que vio en ellas la grandiosa capacidad de regeneración de la naturaleza y la posibilidad de detener el cambio climático.

El sentimiento de “todavía estamos a tiempo” se globalizó. Surgieron las voces que planteaban la necesidad de un cambio global sistémico: era evidente que no podíamos regresar al sistema económico anterior, porque lo anterior era el problema. 

Este discurso persiste y es parte de una conversación global que aspira a un cambio profundo en el modelo de desarrollo económico del planeta. Las agencias internacionales están desarrollando los mecanismos para vincular las relaciones entre salud y medio ambiente a los programas de desarrollo mundial; ciudadanos y organizaciones están discutiendo y desarrollando otras formas de medir la riqueza de un país, cambiar los modelos de producción y, sobre todo, nuestro modelo de consumo. 

Este es un cambio generacional. Jóvenes urbanos han sido los más receptivos a esta propuesta de cambio, ejerciendo su influencia en los patrones de consumo de su generación.

La fuerza con la que está proliferando la agricultura urbana, la movilidad eléctrica, las iniciativas de transporte no motorizado, el diseño de edificios 0 emisiones, la implementación de soluciones basadas en la naturaleza, son todos proyectos e iniciativas promovidos principalmente por jóvenes que están creando estas oportunidades de cambio. 

De manera paradójica, los Gobiernos no están leyendo esta sólida tendencia social. Al amparo de la reactivación económica, países como Estados Unidos, Brasil y China han fortalecido el modelo económico que justamente dio origen a la pandemia. En China la contaminación del aire ha regresado a los niveles pre-coronavirus; en Estados Unidos las distintas industrias han estado accediendo a dinero, reducciones normativas y otros favores especiales.

En Brasil, los taladores ilegales, mineros y ganaderos han acelerado la destrucción de la Amazonia mientras que el coronavirus devasta a la nación. 

El mundo se encuentra hoy frente a esta dicotomía en modelos de producción y de consumo. Estamos decidiendo si queremos más de lo mismo u optamos por un cambio de modelo como legado de salud física y ambiental para las siguientes generaciones.

Este movimiento social emergente, profundo, todavía sin una forma definida pero que día con día está optando por un consumo local, orgánico y por productos acordes con nuevos estándares éticos y ambientales, está creciendo en lo que parece ya una tendencia irreversible. Juntos estamos construyendo el modelo económico que tal vez sea el legado ambiental del COVID-19.  

Sandra Guido / Foto: Especial

Por: M.C.Sandra Guido.  

Perfil: Directora ejecutiva de la Asociación Civil Conselva, Costas y Comunidades. 

Contacto: sandra.guido@conselva.org 

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