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Salud

Estudio detecta que estudiantes de secundaria y universidad reportaron un consumo exagerado de cafeína y alcohol a causa de la pandemia

Un estudio encontró que en el grupo de los adolescentes que estudian  secundaria y hasta la universidad reportaron el riesgo de consumo de sustancias psicoactivas, estimulantes del sistema nervioso, de un consumo exagerado de cafeína y alcohol

Por David Ortega

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México.- Preocupación continua, fue el principal elemento de riesgo psicoafectivo que sufrieron estudiantes y docentes de primaria durante el confinamiento provocado por el virus SARS-CoV-2, aseveró la investigación “Educar en contingencia.

Hallazgos y retos en educación básica”, coordinada por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. En entrevista para Debate.com.mx, la coordinadora de esta investigación, la doctora Cimenna Chao Rebolledo, investigadora del Departamento de Educación, informó que en esta investigación se analizaron tres dimensiones sobre lo que ha sido la vida escolar a lo largo de la pandemia: la dimensión pedagógica, tecnológica y la psicológica.

Sobre esta dimensión psicológica, explicó que el objetivo de dicha dimensión (que ella coordinó) fue evaluar el impacto psicológico y en el bienestar socioemocional que ha tenido la contingencia sanitaria en los docentes y estudiantes.

De acuerdo con la investigadora, los encuestados y las encuestadas reportaron emociones, principalmente disfóricas, las cuales se refieren al estado de ánimo, duelo, dificultades financieras, dificultades en la vida personal o laboral o en respuesta a tragedias en las noticias.

Emociones que tienen que ver con el miedo, con la sensación de inseguridad, con la angustia, el enojo, la frustración, la tristeza; en particular, los niños y niñas de este estudio presentaron emociones relacionadas al aburrimiento, compartió.

Todas ellas referidas, en especial el enojo y la frustración, a todas las medidas que fueron aplicadas para mitigar la posibilidad de contagio y que redujeron, de alguna manera, no solo la movilidad, sino también la socialización, mencionó Chao Rebolledo.

Jóvenes y adicciones durante la pandemia

Esta evaluación sobre el impacto psicológico y en el bienestar socioemocional que ha tenido la contingencia sanitaria en los docentes y estudiantes se realizó a partir de determinar sus emociones y sentimientos asociados al aislamiento y distanciamiento social, las posibles conductas de riesgo psicosocial y psicoafectivo relacionadas con estas condiciones de vida (ansiedad, depresión, estrés, violencia); así como los factores de protección y procuración de bienestar socioemocional (regulación emocional, resiliencia, empatía, autopercepción de autoeficacia, estilos de afrontamiento y crecimiento postraumático) y su repercusión en sus procesos de enseñanza y aprendizaje, detalló.

En el estudio, realizado durante los primeros meses de la pandemia, se encontró que la mayoría de niños, niñas, jóvenes y docentes entrevistados se encontraban en un nivel de atención prioritaria en términos de riesgo conductual, es decir, que su estilo de vida, hábitos de alimentación y de sueño se habían visto afectados, lo que “pondría en jaque su bienestar emocional y, por ende, su bienestar físico”.

Un dato a destacar de esta investigación es que, justamente en el grupo de los adolescentes que estudian de la secundaria hasta los universitarios se reportó el riesgo de consumo de sustancias psicoactivas, estimulantes del sistema nervioso, de un consumo sobre todo exagerado en los jóvenes particularmente de cafeína y alcohol, y donde se presentaron también cuadros más agudos de percepción de estrés, sensación de intranquilidad, de tristeza y, en algunos casos, de desánimo ante el futuro, destacó Chao Rebolledo, también académica de la Especialidad en Educación Socioemocional de la Ibero y directora académica de la Revista internacional de educación emocional y bienestar.

Maestras, con más afectación

De tal manera que en esta población se tuvo esta mezcla entre el aumento de conductas de riesgo, los cambios en la ingesta de sustancias, así como cambios en la alimentación y los hábitos de sueño, más el aumento en las condiciones de riesgo psicoafectivo, reportando estos cuadros emocionales aflictivos, agregó. 

Tanto alumnos como docentes también presentaron un miedo constante y angustia ante la posibilidad de estar expuestos al contagio. “Vivimos un panorama complejo, emocionalmente hablando, que ha traído consigo un desequilibrio en el bienestar socioemocional. Hemos visto cómo, desde esos primeros meses en que se decretó el confinamiento y el distanciamiento social, el cierre de las escuelas, aumentaron también así las conductas de riesgo psicosocial, riesgo psicoactivo, conductual”, informó la investigadora de la Ibero. 

En el caso de los docentes, llamó la atención que algunos de ellos, a lo largo de este tiempo, reportaron una percepción mayor de estrés y, en ese sentido, no se puede obviar el hecho de que los maestros y las maestras de todos los niveles educativos tuvieron que ajustar su organización laboral con sus actividades personales y al interior de sus hogares, pues también sufrieron cambios en su dinámica familiar y de vida, en especial aquellos que tienen hijos pequeños, algún familiar que cuidar, las labores del hogar, etcétera, lo cual hizo que estos niveles de estrés se hubieran incrementado; y más, y de forma particular, en las mujeres, quienes presentaron mayor afectación en este sentido, dijo.

Buscar una salida

De acuerdo con otro de los hallazgos de esta investigación, las y los estudiantes también vivieron de manera bastante importante situaciones de violencia hacia ellos, que se infringía incluso en situaciones de virtualidad o a distancia —que podrían ser situaciones de ciberbullying— y reportaron haber tenido más pensamientos de agresión o percibirse a sí mismos más agresivos durante este periodo de confinamiento, compartió la académica.

En el profesorado se encontraron voces aflictivas que retratan lo que implicó este momento de incertidumbre, de adaptación súbita, en donde las emociones disfóricas —como el miedo, la desesperación y la frustración— estaban, de alguna manera, presentes en sus vidas, reiteró. A pesar de ello, había la necesidad, como docentes, como mediadores del clima emocional, de seguir adelante, de generar recursos que les permitieran, como líderes pedagógicos y socioemocionales de los grupos, “buscar una salida positiva a la situación”. Además, los espacios de interacción, como lo son las aulas virtuales, se fueron convirtiendo en espacios de construcción colectiva de resiliencia, donde docentes y estudiantes pudieron, de alguna manera, construir y generar mayor empatía entre unos y otros. También creció en cada uno de ellos y ellas una mayor valoración por la propia vida y por las relaciones intrafamiliares, mencionó Chao.

Ver hacia el futuro

Chao Rebolledo expuso que otro dato a destacar es que al inicio de la pandemia, cuando todos tuvimos que comenzar a tomar estas precauciones y cambios súbitos, el afrontamiento sobre el cual nos basamos para lidiar con esta situación sobrevino de una actitud de enojo en niños y en adultos, en niños y adolescentes con una actitud de evitación, lo cual muestra la gran necesidad que existe de cultivar, educar y trabajar estrategias o habilidades socioemocionales relacionadas particularmente con la gestión o la regulación emocional, de tal manera que situaciones como estas se puedan afrontar de manera más productiva y menos desde estos estados emocionales álgidos, como enojo, la frustración o el evitar informarse y de ser partícipes de una organización y de presencia social para abordar estos retos, detalló.

En cuanto a las conclusiones de esta investigación, se observó que existe una gran necesidad de trabajar hacia el futuro y, por su puesto, hacia lo que continúa de la pandemia, en estas competencias emocionales, tanto en los estudiantes como en los docentes y, por supuesto, al interior de las familias, de manera que todos y todas podamos trabajar de manera más positiva y más productiva estos altibajos y estos momentos tan complejos, emocionalmente hablando, que ha traído consigo la pandemia.

La doctora Chao también indicó que no hay que dejar de lado que esta situación de contingencia sanitaria retroalimentó la necesidad de cuidar la salud mental y la salud física; y que en una situación tan aflictiva como la pandemia hay que saber tejer comunidad para el bien común, porque de situaciones tan aflictivas, complejas y globales no puede salir cada uno por su lado. Resaltó que con esta investigación se descubrió que las comunidades educativas son más resilientes de lo que se pensaba; lograron adaptarse, innovar en algunos casos y redescubrir la importancia y el propósito que tiene la escuela como espacio para generar comunidad y relaciones socioafectivas.

“Sabemos, por los resultados de la investigación, que es necesario trabajar estas habilidades, la regulación emocional en particular, precisamente como un factor preventivo, porque así lo predice la investigación, del riesgo psicosocial y el riesgo conductual; y que, a su vez, contribuya también a la construcción de resiliencia”, sostuvo.

Entre los elementos de riesgo psicoafectivo en estudiantes de primaria (en una muestra de 60 mil 052 personas), se encontró lo siguiente:

Preocupación continua: 40 por ciento de acuerdo, 27 por ciento en desacuerdo, 19 por ciento totalmente en desacuerdo y 14 por ciento totalmente de acuerdo.

Sensación de intranquilidad: 42 por ciento en desacuerdo, 29 por ciento de acuerdo, 21 por ciento totalmente en desacuerdo y 8 por ciento totalmente de acuerdo.

Tristeza: 42 por ciento en desacuerdo, 25 por ciento de acuerdo, 25 por ciento totalmente en desacuerdo y 8 por ciento totalmente de acuerdo.

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