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¿Orejas de soplillo? La cirugía puede corregir

Los padres pueden evitar estas consecuencias indeseadas con una operación para corregirlas.

¿Orejas de soplillo? La cirugía puede corregir

Idealmente, las orejas deben estar bien pegadas a la cabeza. Sin embargo, muchos niños tienen las orejas despegadas. S

e trata de las llamadas "orejas de soplillo". Los niños que nacen con estas orejas no escuchan peor que los demás, pero muchas veces son objetos de burlas de sus compañeros en la escuela. En casos extremos, esto puede causar problemas de autoestima y depresión. 

Los padres pueden evitar estas consecuencias indeseadas con una operación para corregirlas. En principio, también es posible someterse a esta corrección quirúrgica de adulto, aunque es importante saber que no está exenta de riesgos.

En el caso de los niños, la edad ideal para operarlos es entre los cinco y los diez años. Si bien los padres suelen tener muchas expectativas con la operación, los médicos apuntan que es importante que sepan que la distancia entre las orejas y la cabeza puede a veces apenas reducirse.

Tampoco basta solo con la voluntad de los padres. El niño también debe estar de acuerdo con la operación y entender los posibles riesgos. Si la familia se decide por una operación, primero hay que analizar bien el problema. Las orejas se consideran "despegadas" cuando la distancia entre la oreja y la cabeza es de más de dos centímetros.

La operación en los niños es así: el cirujano practica un corte detrás de la oreja para llegar al cartílago y lo afina. Luego, la oreja es colocada en la posición deseada y el cartílago cosido con hilo transparente. Los niños son operados con anestesia general y quedan internados un tiempo en el hospital. En el caso de los adultos, la operación es ambulatoria.

Después de la intervención, los pacientes deben usar una venda por una semana y luego una venda alrededor de la cabeza, por las noches, otras cuatro a seis semanas.

A la hora de elegir médico, es importante verificar si tiene experiencia en este tipo de operaciones y aclara bien los riesgos de una intervención, es decir, hemorragias, cicatrices o infecciones. También puede ser que el cuerpo rechace los hilos que sujetan a las orejas, con lo cual estas suelen volver a su lugar.

No hace falta correr al cirujano si el niño no sufre con sus orejas algo despegadas ni es objeto de burlas. La decisión debe ser meditada. A fin de cuentas, muchas personas viven una vida plena con sus orejas de soplillo.