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Realizan cirugía experimental en un paciente no nato

El feto, de 24 semanas y dos días, pesaba menos de 1 kilo y estaba a punto de ser operado

El equipo médico que participó en la operación

El paciente, aún dentro del útero de su madre, quedó enfocado en las pantallas planas de un quirófano oscurecido. Los dedos de manos y pies, las plantas de los pies -todo estaba perfectamente formado.

Pero no así su espalda baja. La piel suave daba lugar a una abertura que no debería existir, un óvalo desnudo que exponía un borde blanco de hueso y los nervios de la médula espinal.

“Muy bien, esto es de verdad”, dijo Michael A. Belfort, el director de ginecología y obstetricia del Texas Children’s Hospital.

El feto, de 24 semanas y dos días, pesaba menos de 1 kilo y estaba a punto de ser operado. Tenía una forma severa de espina bífida, en la que la columna vertebral y la médula espinal no se desarrollan de forma adecuada. Los niños que nacen con esta condición por lo general no pueden caminar y sufren de acumulación de líquido en el cerebro, incontinencia urinaria y otras complicaciones.

Un neurocirujano pediatra, William Whitehead, se unió a Belfort en la mesa de operaciones. Los médicos han estado realizando cirugías fetales para reparar la espina bífida desde los 90; no es una cura, pero pueden aminorar el grado de discapacidad.

Pero ahora, Belfort y Whitehead están probado una nueva técnica experimental —una que algunos en este campo consideran con cautela, al cuestionar su seguridad.

Los cirujanos hicieron una incisión amplia en el parte baja del abdomen de la madre, levantaron suavemente el útero —aun adherido internamente— e hicieron dos diminutas incisiones de 4 milímetros. En una, insertaron un “fetoscopio”, un pequeño telescopio equipado con una cámara, luz y un instrumento de agarre. La segunda incisión era para otros instrumentos miniatura.

Iluminado desde el interior, el útero brillaba en color rojo en la sala oscura.

La espina bífida ocurre a las tres o cuatro semanas de embarazo, cuando el tejido que forma la columna vertebral debería doblarse en un tubo, pero no se cierra completamente.

Las causas no se entienden del todo, pero en algunos casos una deficiencia de ácido fólico, o vitamina B9, juega un papel.

Un estudio relevante publicado en el 2011 encontró que la cirugía prenatal era mejor que operar después del parto. El porcentaje de niños que podían caminar por sí solos subió del 20 por ciento al 40, y la necesidad de un shunt cerebral fue reducida a la mitad.

“Desearía que fuera más alto el porcentaje que se beneficia”, dijo Whitehead, y agregó que hasta ahora la cirugía prenatal no parece ayudar con la incontinencia urinaria.

La paciente, Lexi Royer, de 28 años, y su esposo, Joshuwa, de 29, se hicieron novios desde la preparatoria y siempre habían querido tener hijos. Pero ella tenía problemas de salud que hacían improbable el embarazo, le dijeron los doctores. Tuvo un aborto espontáneo y ya no volvió a concebir.

Pero la pareja se emocionó en mayo al enterarse de que ella estaba embarazada. Durante un examen de ultrasonido a las 13 semanas, vieron a su hijo por primera vez. “Hubo muchas lágrimas de felicidad”, recordó Lexi. “Luego el técnico de ultrasonido dijo que tenía que volver a consultar con el doctor”.

Siguieron una serie de estudios. El defecto era severo, y el tallo cerebral se hundía en la columna vertebral.

“Sonaba como que estaríamos viendo daño cerebral, sondas de alimentación, un tubo para respirar, una silla de ruedas, simplemente mala calidad de vida”, dijo Lexi Royer.

Ella, una estilista, y su esposo, bombero y paramédico, buscaron en internet y se enteraron sobre un procedimiento que los doctores de su ciudad natal, San Diego, no conocían: cirugía fetoscópica.

A principios de septiembre, fueron a Houston para tener dos días de exámenes. Los resultados confirmaron que su hijo tenía un defecto espinal severo, pero aun así les dieron esperanzas.

Los doctores además pensaban que la cirugía tenía una buena posibilidad de eliminar la necesidad de un shunt cerebral implantado de por vida para drenar el exceso de líquido de su cerebro.

Royer dijo que ella y su esposo sintieron “paz y felicidad” tras decidirse por la cirugía.

El 27 de septiembre inició la cirugía en un quirófano sobrecalentado ideal para el feto, pero sofocante para el personal médico.

En la cirugía prenatal estándar para la espina bífida, los cirujanos abren el abdomen de la mujer y el útero para llegar al feto. Pero en el método experimental más nuevo, Belfort abrió la parte baja del abdomen de Royer, pero no el útero.

Al operar en el feto, los cirujanos estiraron piel y membranas sobre la médula espinal desnuda y las cosieron para sellar el líquido amniótico. El procedimiento duró tres horas.

Belfort y Whitehead operaron a su primer paciente en julio del 2014 y desde entonces han realizado este procedimiento al menos 28 veces. Hasta la fecha, ningún feto ha muerto.

Lexi Rogers no se arrepiente.

“De ninguna manera ha terminado, pero definitivamente siento que es lo correcto que debíamos hacer”, expresó.