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¿Cómo era Héctor Suárez con sus hijos?

Héctor Suárez Gomís compartió en sus redes sociales uno de tantos recuerdos, donde explica a sus seguidores cómo era su padre con sus hijos

Por  Francisco Inzunza

Héctor Suárez murió a los 81 años de edad a consecuencia de un paro cardiorespiratorio.

Héctor Suárez murió a los 81 años de edad a consecuencia de un paro cardiorespiratorio.

Héctor Suárez Gomís ha estado compartiendo en sus redes sociales recuerdos, videos y fotografías en memoria de su señor padre Héctor Suárez, quien falleció el pasado martes a consecuencia de un paro cardiorespiratorio mientras dormía en su hogar en Cocoyoc, estado de Morelos.

En un reciente post en su feed de Instagram, el actor Héctor Suárez Gomís manifestó: "papá, voy a compartir una anécdota para que la gente sepa cómo eras con tus hijos". Su historia se remonta a finales de los años '70. "Es 1979 y en mi mente existe solo una cosa: ir al Camp Flying Eagle (me mandaron por primera vez a Michigan en 1977). La tradición en la casa a partir del verano del '77, era que si yo sacaba buenas calificaciones, me mandarían casi todo el verano a un camp que estaba en Mancelona, Michigan".

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Las cenizas de Héctor Suárez se encuentran en una capilla familiar, junto a sus padres. Foto: Luis Ramírez / Agencia Reforma

Héctor Suárez Gomís señaló que siempre fue un niño de casi puro 10 en sus calificaciones escolares, "cuando entregué la boleta de calificaciones del mes de marzo, mi papá me dijo: '¡otra vez te irás a tu camp, campeón!' Se fue de gira dos meses y cuando regresó, me enseñó un fajo de dólares y dijo que eran pagar mi viaje. El Camp Flying Eagle es uno de los lugares más importantes de vida ¡En total fui 7 veces! Viajar yo solo desde los 8 años a un país en el que no se hablaba mi idioma, me hizo independiente, fuerte y crecí con mucha seguridad".

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Papá, voy a compartir una anécdota para que la gente sepa cómo eras con tus hijos. Vamos a jugar con el tiempo y su imaginación. ¡Lleven su mente a finales de los 70! En la radio, los Bee Gees suenan todo el día, Argentina es el campeón del mundo y desde hace dos años, Star Wars es un fenómeno cultural. Es 1979 y en mi mente existe solo una cosa: ir al Camp Flying Eagle (Me mandaron por primera vez a Michigan en 1977). La tradición en la casa a partir del verano del '77, era que si yo sacaba buenas calificaciones, me mandarían casi todo el verano a un camp que estaba en Mancelona, Michigan. Siempre fui un niño de casi puro 10, entonces, cuando entregué la boleta de calificaciones del mes de marzo, mi papá me dijo: - ¡Otra vez te irás a tu camp, campeón! Se fue de gira dos meses y cuando regresó, me enseñó un fajo de dólares y dijo que eran pagar mi viaje. El Camp Flying Eagle es uno de los lugares más importantes de vida ¡En total fui 7 veces! Viajar yo solo desde los 8 años a un país en el que no se hablaba mi idioma, me hizo independiente, fuerte y crecí con mucha seguridad. A mis 18 años, en una plática profunda y dura en la que mi papá tenía que darme una gran lección de humildad, me confesó lo que en realidad había hecho en 1979 para no fallarme y mandarme a mi Camp: El señor Héctor Suárez estaba pasando por una etapa de "vacas flacas" y para cumplir su palabra, se fue durante más de dos meses a trabajar de incógnito como payaso en un circo. No, por supuesto que no es denigrante trabajar en un circo y mucho menos lo es ejercer la antigua y hermosa profesión de Clown. Sucede que para ese entonces, se suponía que mi papá ya "había llegado", ya era muy importante, famoso, querido y admirado por el público y respetadísimo por su gremio. Nada de eso le importó y antes que su nombre, estaba el amor por su hijo. ¡Así fue toda su vida con cada uno de sus hijos! ¡Así fue toda su vida con cada persona que habitaba en su corazón! En los 80 vendrían Lagunilla mi Barrio, El Milusos, ¿Qué nos pasa? Y se convertiría en uno de los actores más importantes, más premiados y mejor pagados del continente. ¡Gracias por ser mi papá!

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Héctor Suárez y su gran lección de humildad

El también comediante contó que a sus 18 años, en una plática profunda y dura en la que su papá tenía que darle una gran lección de humildad, le confesó lo que en realidad había hecho en 1979 para no fallarle y mandarlo a su campamento.

El señor Héctor Suárez estaba pasando por una etapa de 'vacas flacas' y para cumplir su palabra, se fue durante más de dos meses a trabajar de incógnito como payaso en un circo.

"No, por supuesto que no es denigrante trabajar en un circo y mucho menos lo es ejercer la antigua y hermosa profesión de payaso. Sucede que para ese entonces, se suponía que mi papá ya 'había llegado', ya era muy importante, famoso, querido y admirado por el público y respetadísimo por su gremio. Nada de eso le importó y antes que su nombre, estaba el amor por su hijo".

¡Así fue toda su vida con cada uno de sus hijos! ¡Así fue toda su vida con cada persona que habitaba en su corazón!

"En los '80 vendrían 'Lagunilla mi barrio', 'El Milusos', '¿Qué nos pasa?' y se convertiría en uno de los actores más importantes, más premiados y mejor pagados del continente. ¡Gracias por ser mi papá!", recalcó Héctor Suárez Gomís.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Esta será la primera de muchas cartas mías que ya no vas a leer. Estoy totalmente roto y me invade un gran dolor. Han pasado apenas unas horas y de momento, lo que más extraño; es tu olor. De niño cuando me abrazabas, tu olor se me quedaba impregnado durante horas. Además de sentir seguridad y todo tu amor, siempre, en cada abrazo; me sentía protegido cuando te olía. Cuando me dabas las buenas noches, los buenos días, en nuestros saludos y nuestras despedidas; además de abrazarte y darte un beso, me encantaba olerte. Hace cinco años fue la primera operación y recuerdo que cuando llegaron por ti para llevarte al quirófano, me invadió un miedo terrible porque existía la posibilidad de no volverte a ver y al abrazarte, respiré muy profundo para que nunca se fuera de mí ese olor... ¡El olor de mi papá! En total fueron 15 operaciones y en las 15, hice exactamente lo mismo: antes de que te llevaran al quirófano, te daba un beso, te abrazaba y respiraba muy profundo para quedarme con tu olor... y hoy que me despedí de ti para siempre; lo hice por última vez. ¿Qué se hace cuando tienes así de roto el corazón? ¿Llorar? ¡No he parado de hacerlo! ¿Qué se hace cuando tu héroe ha dejado de existir? ¿Qué voy a hacer mañana cuando quiera mandarte un mensaje escrito o uno de voz? ¿Cómo le explico a Pablo que ya no va a volver a jugar con su abuelo? ¿Qué va a hacer Ximena con ese encargo que ya nunca te podrá dar? ¿Cómo hago para dejar de sentir tanto dolor? Hace exactamente un año estabas en el hospital, te iban a quitar el riñón izquierdo y te marqué a tu celular para decirte que no te perdieras la pelea de Andy Ruiz que yo acababa de ver en vivo. ¿Te acuerdas? ¡Te acabas de ir para siempre y ya estamos hablando de box! Así será de ahora en adelante, voy a platicar contigo y me vas a responder en mi mente. No sé cuánto tiempo tarde en adaptarme a nuestra nueva forma de comunicarnos, pero lo voy a hacer todos los días y a todas horas. Me hará mucha falta verte, oírte, sentirte, tocarte, abrazarte, besarte y lo que más extraño ahorita; es no poder olerte. ¡Gracias por ser mi papá!

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