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Los Estados Unidos de Los Tigres del Norte

MÚSICA

"Son uno de los pocos grupos que cantan sobre los inmigrantes, de lo que sufrimos aquí y en México. Nosotros nos cruzamos con un sueño en mente, pero nos encontramos con una vida que no es nada fácil, y Los Tigres entienden eso, ellos de verdad nos entienden", es lo que le dijo el mexicano Iván Sánchez al periodista Larry Rother, cuando lo entrevistaba en uno de los conciertos que Los Tigres del Norte ofrecían en Estados Unidos. Ese comentario serviría para finalizar el artículo que el New York Times publicaría el pasado 27 de junio de 2014 sobre la agrupación sinaloense con el título The United States of Los Tigres (Los Estados Unidos de Los Tigres).

En él habla de cómo cinco hermanos, que ahora son reconocidos por su gran trayectoria musical, lucharon por el 'sueño americano'. El autor también reconoce la voz que los 'ídolos del pueblo' le han dado a la comunidad de inmigrantes latinos en ese país, y cómo los corridos, género que ellos harían popular, ha ido perdiendo sus raíces.

Los Tigres del Norte rompen fronteras. Minneapolis, Estados Unidos. ""Unas cuatro horas antes de un concierto, la noche del viernes a finales del mes pasado (junio 2014), los cinco miembros de Los Tigres del Norte, la agrupación número uno del género musical conocido como norteño, estaba tranquilamente cenando en la mesa del restaurante de un hotel. Ninguno de los demás comensales parecía notarlos, no sabían quiénes eran, y tampoco el personal, hasta que un camarero hispanohablante, tímidamente se acercó a su mesa.

'¿Es realmente usted?', le preguntó a Jorge Hernández, el líder, vocalista y el mayor de los hermanos y primos que conforman el grupo. 'No puedo creer que estén aquí en este hotel, es un gran honor'. De manera amable, Hernández confirmó su identidad contestando: 'Estamos a su servicio', y con eso, una camarera se acerca para pedirles un autógrafo. "Rápidamente la noticia voló hasta la cocina, desde donde los cocineros y lavaplatos se asomaban entusiasmados para verlos, saludarles y decirles en voz alta: 'Bienvenidos'.

"Aunque el grupo ha grabado más de 50 discos y vendido millones de copias en sus 45 años de carrera, Los Tigres siguen siendo invisibles para los anglosajones (norteamericanos de habla inglesa). Pero no es así para la creciente población de hispanos, -especialmente los inmigrantes mexicanos y centroamericanos que hacen el trabajo sucio en los campos, en la construcción, fábricas y hospitales- para ellos, son ídolos que cantan desde su experiencia personal, la dura tarea de hacer una vida en un país nuevo y desconocido". Esos fueron los primeros tres párrafos con los que inició el artículo que ha sido leído por miles de personas mayormente en Latinoamérica y Estados Unidos.

El inicio de todo. En las entrevistas que el reportero les hacía a los hermanos Hernández durante el trayecto que anduvo con ellos en su gira, contaban cómo es que habían llegado al país de los 'gringos'. Jorge recordó que entraron con una visa de trabajo, porque iban a cantarles a los presos de las cárceles de California, pero cuando ya estaban allá, el que había organizado el viaje huyó con los pasaportes y los dejó a su suerte en San José. Ahí residen actualmente. Lo que agradecen, es que una familia de inmigrantes se compadeció de ellos y les ofreció alojamiento. Para sobrevivir tocaban en restaurantes cobrando un dólar por canción, una cora (un cuarto de dólar), o lo que pudieran conseguir. "Había momentos en los que nos queríamos regresar a México, pero teníamos una responsabilidad, nuestro padre estaba muy mal, tenía parálisis y no podía caminar, entonces queríamos ahorrar dinero para curarlo y por eso nos decíamos 'está bien, podemos soportar esto'", se lee en la publicación.

Además, menciona que los miembros de la agrupación estuvieron en el país ilegalmente por un tiempo, pero ahora todos, menos Eduardo (que tiene una green card, permiso que le permite residir y trabajar), son ciudadanos de Estados Unidos y de México. "Los problemas que nuestra audiencia tiene, nosotros los tuvimos, y creo que eso toma sentido cuando salimos al escenario", cuenta Jorge Hernández, de 62 años. "Ellos se identifican con nosotros y nosotros con ellos".

Continúa...