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Tras lluvias, enfermaron en la zona norte

Vecinos denunciaron ante este medio que vieron mermada su salud como consecuencia del mal estado en que se encontraron los colchones provistos por el gobierno tras las inundaciones por la depresión tropical 19-E

Por  Gerardo Jimenez

Aspecto de uno de los colchones podridos que recibieron los damnificados de las lluvias por la Tormenta 19-E(Foto: El Debate)

Aspecto de uno de los colchones podridos que recibieron los damnificados de las lluvias por la Tormenta 19-E | Foto: El Debate

Sinaloa.- No saben exactamente cuándo empezó, pero sí que fue a raíz de que «nos dieron los colchones podridos». De repente, el ardor, la comezón, el enrojecimiento en la piel, las ronchas, el vómito, la infección estomacal, la fiebre y el dolor de cabeza comenzaron a aquejar a los vecinos de las colonias 6 de Enero, Ignacio Allende y Los Mezcales.

A dos meses de las lluvias, señalaron que «el gobierno, bien o mal, pero anduvo acá; ahora nada».

Fue entonces que, inmersos en la misma situación, entendieron que habría que arreglárselas por sí solos. Algunos han gastado miles de pesos para tratarse, otros han pedido dinero prestado, unos más se han automedicado, incluso con «agua de hierbas», bebiéndola una y otra vez, o han faltado a sus trabajos por las molestias presentadas. Pero ninguno ha recibido subvención de las autoridades, a pesar de que el gobierno generó esto al dar los colchones en mal estado, relataron diversas personas a este medio de comunicación.

Foto: El Debate

Las infecciones en la piel fueron de las primeras afectaciones denunciadas a este diario por la señora Esmeralda, horas después de que a los damnificados les proveyeran de colchones: «Mi tía durmió en el colchón, y en la mañana ya estaba toda enronchada; mi primo también, por lo mismo, de la cochinada que traen. Traigo mucha “rasquera” por todo el cuerpo. Dormí en el colchón una vez, y apestaba a húmedo. Mi hijo de 14 años también resultó afectado. Yo tomé Avapena porque era mucha la comezón», explicó Esmeralda.

La causa de todos los males

El 25 de septiembre, otras personas presentaron similares afectaciones, ahora en la colonia 6 de Enero. «Al otro día que dejamos los colchones en el Palacio Municipal (24 de septiembre) me empezaron a salir primero puntos rojos, leves; pero ya por la tarde, cuando regresé de trabajar, ya eran más grandes, y no solo en el brazo y el hombro. Estaba toda enronchada: mis brazos, mis hombros, mi estómago, mi espalda», indicó María Nazarena Ortiz Ramírez.

La convicción de que los colchones causaron malestares en la salud se repitió una y otra vez en el sector norte. Ahora fue Ángela Sánchez Pastor quien compartió que «desde que lo puse, desde ahí empecé con un montón de comezones por el lado de la espalda. Vino el secretario del gobernador según a dejar colchones, pero nada más nos trajo enfermedades. A los días empezaron las ronchas en la espalda, en los brazos, en todas las partes donde la piel tocó con el colchón sucio. Me dan comezones fuertes seguido, todo el día, en la noche y la mañana. Me estoy poniendo unas pomadas que compré yo, pero no me han dado ayuda.Nadie vino a ayudarnos, a decirnos cómo tratarnos», refirió.

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Celia Labra, habitante de Los Mezcales, indicó que «aparentemente venía en buenas condiciones, ya nos han traído dos (colchones), y los dos han salido malos. Un domingo trajeron uno, que estaba malo, lo cambiamos porque tenía ropa sucia empapada de lodo en el relleno. La sábana que le puse se manchó. Se empezó a “destintar” porque estaba húmedo.

De repente, a las dos de la mañana me despertó el estornudo y una tosecita. Me senté y empezó la comezón. En la mañana, las comezones eran más, ya me lloraban mucho los ojos, estornudo o escurrimiento (nasal). Después ya fui al doctor, con el poco dinero que tengo, y esos padecimientos, me dijeron, eran por la misma humedad, que porque había muchas bacterias por la inundación. 

»El segundo colchón estaba sucio con ganas, olía a orines de persona, de rata, pero la tos siguió. Fueron como cinco días los que usé el primer colchón, y unos tres días el segundo, y las enfermedades seguían empeorando. El lagrimeo ya era mucho, sentía que me ardían los ojos hasta para ver. Fui como dos veces al médico, y aunque no me dijeron que era por los colchones, yo noté eso. En cuanto los usé, comenzaron las molestias en mi cuerpo, en mis ojos, en mi nariz; era mucho», compartió.

Afuera de su casa, parada al lado de los rescoldos del colchón que recién quemó, María Virginia Fernández Flores platicó que ha tenido que gastar más de tres mil pesos en estudios diversos «porque el dolor de cabeza, el vómito, la diarrea, la calentura, la infección en el estómago me atacaron de una. Yo dormía en un colchón de este tipo por días, y en esos días que he dormido, un picadero por todo el cuerpo, una comezón que no se aguanta. Desde que me sentaba en la cama me estaba rasque y rasque, no podía ni dormir. Me la pasaba sentada.

En la cara, en los brazos, en los pies me agarró una infección en la piel. Todo fue a raíz de todo este cochinero. Fui al médico y me dijeron que la infección que tenía era más de 500 por ciento de gravedad, de todo lo que he absorbido y que estoy absorbiendo todavía. Traigo una infección fuertísima. He gastado mucho. Me he hecho estudios de todo, del intestino, de la piel. Mis hijos son los que han gastado alrededor de 4 mil pesos en medicamentos y exámenes y estudios de sangre, de orina, en la piel, de todo me han hecho. He tenido que llevar un tratamiento, cambiar mi dieta. Tengo como unos veinte días así, más o menos. Ya tengo rato así», relató ante este medio de comunicación.

Bajo una lámpara de luz mortecina, María Juana Quiñónez Castillo hacía señas para tener el micrófono cerca y hacer público su viacrucis. Tiene 63 años, su casa se inundó, y señaló que uno de sus familiares se fracturó la cadera al intentar ponerse a salvo de las lluvias. 

Por si lo anterior no fuera suficiente, ella también recibió dos colchones, «pero ninguno de los dos me sirvió porque estaban malos. Me puse bien mala, no puedo estar bien desde entonces. Me tengo que andar rasque y rasque, tengo comezón, haz de cuenta que si me hubiera quemado, me arde mucho la piel. Tengo roja la piel porque usé los colchones unos días. Entonces ya los sacamos, ya los trajimos aquí afuera, pero no han venido por él. Estamos afectados todos, todos andamos con la comezón, pero yo soy la que está más afectada», indicó.

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Compartió para EL DEBATE que ya tenía tres semanas con dolor de cabeza, comezón, escalofríos e irritación en los ojos. «La piel de plano ya no la aguanto», dijo Quiñónez Castillo mientras se levantaba parte de su ropa para mostrar las lesiones que se ha hecho de tanto rascarse. 

«He faltado al trabajo para ir a atenderme. Me pusieron una inyección y se me calmó un poco, pero he tomado remedios caseros, unas hierbas que se llaman “La Golondrina”, la cuezo y me baño con el agua. También me tomo una tacita de agua de la hierba cocida. También le echo de la mata que le dicen “min”. Llevo ya tiempo con ese tratamiento», explicó para EL DEBATE. 

También los niños

Cinthia Karely, de la colonia Los Mezcales, señaló que su hijo tuvo diarrea e infecciones en la piel porque al momento de estar absorbiendo el olor del colchón fue donde presentó esas reacciones y le dio diarrea, «no se le quitaba y no se le quitaba hasta que sacamos el colchón al patio y la infección fue cediendo. Pero desde que nos dieron el colchón comenzaron los problemas, aunque supuestamente estaban bien buenos, pero no. (Nos han dicho que es por el agua, que es toda cochina), y pensamos que es por eso porque a partir de ahí todos andamos así. Uno anda enronchado, otro con diarrea, otro con gripe, con comezón, con alergia o con granos», subrayó.

Ari Elene Camacho Salas es mamá Jorge Adolfo, de 11 años, y de Diego, de 7. Ambos durmieron en uno de los colchones que les proveyó Sedesol, «ahorita uno trae diarrea y calentura, y el otro ya tiene muchos granos en la espalda, en la pierna, en los brazos. Ayer fue a consulta y les dijeron que es molusco contagioso lo que tiene, que le dio a raíz de una infección. Les recetaron Caolín, Neomicina, Trinobutina, inyecciones de tres a cinco días. También les dieron una dieta para llevar en su tratamiento.

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En fin, todo eso de los medicamentos y la dieta implica gastos que no teníamos programados. Además de lo que ya gasté, lo que me dijo el doctor que me iba a salir caro era el dermatólogo, porque ocupaban una intervención especial, con bisturí; se les tiene que arrancar los granos porque con tratamiento normal no es suficiente», explicó a EL DEBATE. 

«En la noche, el niño se rascaba con sus manitas toda la cara, se talla con la ropa que está sobre la cama o con la colcha porque de plano ya no puede», relató Carmen Cecilia Rodríguez Martínez mientras ceñía contra su lecho a su pequeño hijo de 9 meses.

Foto: El Debate

Indicó que el bebé ni siquiera durmió ahí, se infectó cuando «destapamos los colchones porque para que me lo cambiaran lo tuve que abrir. Para que me creyeran y comprobar que estaba malo me pidieron que lo abriera. Fui dos veces a llevarlo porque la primera no me lo quisieron cambiar. Llevaba a mi niño, y ahí fue donde se infectó. Incluso, en la segunda ocasión que fui, ya mi niño estaba infectado.

Foto: El Debate

Al que estaba encargado le enseñé cómo estaba mi hijo, y apenas así me creyó. Los problemas que tiene son enrojecimiento, comezón y ronchas. Ya lo llevé dos veces al doctor y tuve que pedir prestado. La doctora que lo atendió me dijo que era un huevecillo incrustado. Lo llevé al Pediátrico, pero siguió. Ahí me dijeron que traía una dermatitis a consecuencia del colchón, que había contraído una infección por la contaminación», comentó.