‘Talabartería’ el arte de la vaqueta

Por más de 40 años don Elías se ha dedicado a este oficio

Por  El Debate

Don Elias Castro Montoya / Fotografía: Matías Rodríguez EL DEBATE

Don Elias Castro Montoya / Fotografía: Matías Rodríguez EL DEBATE

Guamúchil, Sinaloa.- La talabartería es un arte y cultura, debido a que no sólo se desarrolla la creatividad para sacar del cuero para la elaboración de una silla de montar o realizar un huarache de vaqueta, sino que es una tradición milenaria de los mexicanos, que permite en la actualidad dar el sustento a las familias que se dedican a vivir de este oficio.

La historia de don Elias Castro Montoya empieza aproximadamente cuando el tenía 30 años de edad, cuando por primera vez observó a una persona realizar el trabajo de talabartería, la cual le interesó y buscó la manera de aprender, porque le gusto y encontró en esta actividad una forma de llevar el sustento a su familia.

Su primer inicio era de vendedor, en un pequeño local que tenía apenas una docena de huaraches que compro gracias a que le prestaron 50 pesos de aquel entonces. Su local tenía poco tiempo de establecerlo cuando llegaron a su pequeño local un talabartero y un curtidor de pieles quienes se ofrecieron a enseñarle el oficio, en poco tiempo ya tenía en el local la vaqueta; con lo cual empezaron a ponerle vaqueta a las sillas, así como a las de montar.

Sillas para montar y huaraches de los que más hace / Fotografía: Matías Rodríguez EL DEBATE

Don Elías tuvo en la experiencia de Alejo Castro como su mejor maestro, a diario veía como elaboraba las sillas, fue tanta la pasión que le gusto y ya lleva varios años en este oficio y asegura que aún tiene fuerzas para seguir trabajando. 

Hoy en día tiene más de cuarenta años en este oficio, sus  principales clientes son vaqueros y aquellas personas que les gusta el trabajo de la piel hecha vaqueta.

Este oficio es cuestión de clientes, amigos, así como las personas que van a las cabalgatas”.

Dijo además que para todo hay tiempo como hay buenos, hay días que no se vende nada, en ocasiones se venden dos o tres artículos. Pese a los esfuerzo la talabartería esta decayendo, porque los gustos van cambiando. “Lo que más disfruto es la echura de las sillas, casi es lo que hago más”, dice.