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Deja el rol de madre para servir a los demás

Laura se enfunda en su traje de bombera para salvar vidas

Por  Marisela Jolie

Laura deja el rol de madre para sofocar incendios.(EL DEBATE)

Laura deja el rol de madre para sofocar incendios. | EL DEBATE

Los Mochis, Sinaloa.- Entre semana, Laura Beatriz Santos Lugo, de 26 años de edad, se dedica al hogar y al cuidado de su hijo de once meses, pero los sábados deja el rol de madre para convertirse en una poderosa apagafuegos. Desde hace siete años forma parte del Heroico Cuerpo de Bomberos de Los Mochis por su vocación de servir a la gente.

“En Los Mochis somos ocho mujeres bombero, cuatro somos mamás y cuatro son estudiantes, todas trabajadoras; mis guardias son los días sábados. Ese día yo me levanto a las 6:00 de la mañana, tengo un bebito de once meses, hago desayuno, nos alistamos, dejamos al niño con mi mamá y llegamos a las 7:40 de la mañana a la estación”.

Su labor es ardua y una de las más peligrosas. Al salir de su hogar para combatir incendios su vida está en riesgo. “Cuando suena el radio debo salir al servicio. Mi guardia debería acabarse a las 5:00 de la tarde, pero nunca me voy a esa hora, lo más temprano que salgo es a las 7:00, 8:00 de la noche, a veces me dan las 11:00, 12:00 de la noche aquí prestando el servicio. 

Estar en medio de las llamas no fue el sueño de su infancia, pero se propuso la noble hazaña de salvar vidas gracias al ejemplo de su familia. Su padre, su hermano y su esposo también pertenecen a los cuerpos de auxilio de la ciudad.

“Nosotros teníamos una taquería, y los bomberos iban a cenar, ellos me dijeron que se iba a abrir una academia, y me metí a estudiar. “El fuego siempre es peligroso, siempre estamos expuestos al peligro, desde que salimos de la estación estamos en riesgo, la gente no tiene educación vial, no hace consciencia, no te dan el paso”.

Para desempeñar su oficio se necesita valor y mucho amor al prójimo, pero el miedo siempre está latente. Laura recuerda el temor que sintió al salir a sofocar un incendio por primera vez. “Fue un incendio en una casa habitación, fue mi primer servicio. Yo tenía mucha gripa, me sentía constipada, íbamos un compañero y yo, había una señora adentro, nos metimos y la ayudamos a salir, sofocamos el fuego, y cuando salimos me desvanecí, me empecé a sentir mal. Yo creo que por el esfuerzo y porque estaba enferma; pero fue la única vez que me ha ocurrido algo así”.

El momento más triste que ha experimentado durante sus años de servicio fue cuando la vida de otra persona se extinguió frente a sus ojos.

“Jamás olvidaré un servicio que atendí. Nos mandaron a un servicio, nos dijeron que se había caído una marquesina encima de una persona, llegamos y cuando empezamos a mover los escombros nos dimos cuenta que era un niño, y ahí murió. Es el servicio que más me ha dolido, llegué a la estación y solté el llanto, no lo toleré”.

Vocación de servicio

Al sonar la alarma, se enfunda en su traje y corre hacia el rojo camión que la llevará a su nueva aventura. Y al sofocar el incendio, Laura soporta más de 40 kilos sobre su cuerpo porque la responsabilidad de salvar vidas pesa más.

“Tenemos 45 segundos para ponernos el equipo completo: el equipo de protección personal, el de respiración autónoma, el casco y las botas, que ya mojado pesa como 40 kilos. Con la adrenalina no se siente, uno se concentra en la emergencia, en rescatar a las personas y en sofocar el fuego, pero salimos del incendio arrastrando los pies”.

Con su esfuerzo se ha ganado un lugar en el peligroso mundo de los tragahúmo, y en medio de las llamas no existe distinción de género. “Nos enseñan técnicas para trabajar con ellas, yo por mi estatura y complexión así chiquitita tengo que tener maña y fuerza para poder trabajar en caso de que yo vaya sola”.

Al terminar su servicio, Laura regresa a casa con una nueva hazaña que contar y con la satisfacción enorme de haber ayudado a la gente.

“Disfruto todo de mi oficio, desde entrar por la puerta hasta que me voy. Quiero prestar mi servicio voluntario siempre. Mientras el tiempo me lo permita, aquí voy a estar; me siento orgullosa de lo que hago, me apasiona, la satisfacción de poder ayudar es el objetivo del porqué yo estoy aquí”.