Don Raúl recuerda sus días de gloria como pelotero

Tiene 100 años, su carrera inició en los 40 y por su ejemplar trayectoria se ganó el respeto y la admiración de sus compañeros y aficionados

Por  Marisela Jolie

A sus 100 años recuerda con nostalgia sus días de gloria como pelotero.(EL DEBATE)

A sus 100 años recuerda con nostalgia sus días de gloria como pelotero. | EL DEBATE

Los Mochis, Sinaloa.- Honor a quien honor merece es una frase que aplica en la vida de don Raúl Rojo Valenzuela, por su valiosa aportación al maravilloso mundo del rey de los deportes en el municipio de Ahome.

A sus 100 años recuerda con nostalgia sus días de gloria como pelotero del equipo del ejido Mochis en la Liga Municipal Ejidal. Su carrera inició en los años 40 y con su talento puso en alto el nombre de su comunidad.

Es un ejemplo deportivo
Don Raúl estudió hasta el segundo grado de primaria y desde muy joven empezó a trabajar.

Dedicó la mayor parte de su vida a los campos agrícolas y durante cinco años trabajó en el hoy extinto Ingenio Azucarero de Los Mochis.

“Empecé a trabajar con mis papás en la casa, criábamos vacas y puercos, y también sembrábamos la comida de los animales. También trabajé un campo de chinos, sembrábamos tomate, cebolla, chiles. Yo usaba un azadón dándole tierra a las matas, era jornalero. Luego me dediqué a sembrar y cultivar con mi papá. Nos dedicamos a la agricultura como 20 años. Después me dediqué a la caña, en el Ingenio Azucarero. Tenía un tractor con el que acarreaba caña, ahí me pensioné”.

Su genuina pasión deportiva era muy fuerte. En aquel tiempo, para poder jugar beisbol debía acarrear la comida de las vacas, y si no lo hacía, no jugaba. “Para poder que mi papá me dejara salir a jugar beisbol yo tenía que trabajar. Mi papá decía: si no me traes pasto para las vacas, no vas a salir, y desde dos días antes empezaba a traer el pasto para que él se levantara y le diera de comer a las vacas. Y cuando estaba regando, llegaban por mí, mis compañeros y me deban dinero para que le pagara a alguien más y terminara de regar y poder irme a jugar con ellos”.

El expelotero acompañado de sus 15 hijos. 

Su esposa falleció hace siete años, pero juntos construyeron un gran legado familiar que le hace sentir un orgullo desbordante. “Mi esposa se llamaba María Verdugo Solorza, tuvimos 15 hijos, 5 hombres y 10 mujeres; estábamos muy enamorados. Tengo nietos, bisnietos y tataranietos”.

Aunque su avanzada edad le impide trabajar, don Raúl se despierta con el amanecer para alimentar a sus animales. “Me levanto muy temprano, desayuno y me pongo a regar mis matitas y a darle comida a mis gallinas. Tengo gallos, gatos y un perrito que no se despega de mí”.

Atesora en su corazón sus vivencias como pelotero y añora reencontrarse una vez más con el equipo que lo llevó a la gloria. “Yo soy muy feliz, pero a veces le digo a Dios ‘¿por qué no me llevas, el equipo de beisbol ya está contigo’, todos los jugadores están con él”.

Don Raúl pasa sus días bajo la sombra de sus árboles, recordando el pasado que le brindó momentos memorables. “Yo vivo en esta casa desde los once años, aquí murieron mis padres, aquí crecieron mis hijos, y yo pienso que aquí me voy a morir. Si me muriera en este momento, me iría contento, porque a lo largo de mi vida he sido muy favorecido”.

Don Raúl con su equipo que lo llevó a la gloria. 

Como pelotero activo se ganó el respeto y la admiración de sus compañeros y aficionados; como mánager supo inculcar en los jóvenes, disciplina y responsabilidad hacia el equipo, y como promotor, su objetivo principal fue que nunca se dejara de practicar el beisbol en su comunidad.

Por su larga trayectoria se ha convertido en un digno ejemplo para las nuevas generaciones.