Don sabino, el zapatero remendón

Lleva más de 30 años embelleciendo el calzado en el corazón de san miguel zapotitlán

Por  Marisela Jolie

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Don sabino, el zapatero remendón | ELDEBATE

Los Mochi, Sinaloa.- Sabino Aguilar Guadalupe tiene 52 años, nació en Mexcatla, Chicontepec, Veracruz pero desde hace 36 años llegó lleno de sueños e ilusiones a San Miguel Zapotitlán. Un pueblo indígena que lo cobijó y en donde tuvo la oportunidad de desempeñarse como zapatero.

“Aquí tengo un hermano que estaba en el ejército y me invitó, me vine a estudiar y trabajar. Soy licenciado en Derecho, estudié en la Universidad Autónoma de Sinaloa, pero me gustó más el oficio.”

Recuerda a su mentor
Recuerda con nostalgia a su mentor, al noble zapatero que le enseñó el oficio que tanto ama.

“Lo aprendí el oficio con un señor que se llamaba Ramón Vázquez, venía de Chihuahuita. Él tenía un taller de calzado en la entrada, con el difunto Samuel Ruiz; yo estudiaba por las tardes, y en las mañanas tenía el tiempo disponible, y aprendí de él.”

El gentil zapatero remendón, repara y modifica el calzado para dejarlo como nuevo; con sus manos les brinda vida para postergar su andar en los pies de los clientes.

“El zapatero pone suelas, hace costuras, pone remiendos, ponemos tapitas, pintamos el calzado, arreglamos bolsas; dejamos el calzado como nuevo. Ocupo martillos, agujas, carretes de hilos, hilo encerado, desarmadores, plantillas, un baco para lijar, pinturas, hueles, vaquetas, tramos de piel, resistol y una máquina para hacer los cortes más finos”.

Tiene su caseta en el corazón del pueblo, a un costado de la enramada indígena. Pero sus inicios fueron en un pequeño taller de lámina y de madera.

“Tengo 28 años en esta casetita en este lugar, pero empecé en el otro taller, donde aprendí el oficio. Después que me casé, me independicé y puse mi propio tallercito de lámina y madera frente la iglesia católica, ahí duré 8 años.”

Trabaja todos los días desde las 10 de la mañana hasta el oscurecer, pero en tiempo de calor se extiende hasta las 8:00 de la noche.

“La ganancia es variable. En Semana Santa y en diciembre es la temporada buena, en un buen día gano desde 500 hasta mil pesos, pero hay otros días que me llevo a casa 300 pesos.”

El arte de embellecer el calzado es arduo, requiere tiempo y mucha vocación. Pero a don Sabino lo respalda toda una vida de trabajo.

“Me gusta hacer todo, disfruto mi trabajo, y más cuando alguien me trae un zapato destrozado y se lo entrego bien arregladito, y me dicen: hiciste un milagro. Eso me deja grandes satisfacciones. En una cadenita, si yo hago bien mi trabajo, los clientes vuelven y me recomiendan.” 

Recuerda con cariño a uno de sus entrañables clientes.

“En una ocasión vino un señor del Poblado 7, me trajo unos zapatos deshechos, que no por menospreciar al señor, pero dije: estos zapatos no van a quedar bien, hasta yo dudaba que iban a quedar bien, y le dije al señor que necesitaba un anticipo, y me pagó completo. Y cuando los arreglé, los zapatos quedaron re bien, como nuevos y el cliente se fue satisfecho, y me mandó más clientes.”

Una vida de trabajo
Don Sabino es el zapatero del pueblo, conocido y querido por todos; amable al atender a sus clientes y meticuloso con cada zapato.

“Tengo toda una vida dedicándome a este oficio, este trabajo me ha sacado adelante, me ha dejado muchas satisfacciones; tengo clientes de Los Mochis, del Valle del Carrizo, y de otras comunidades. 

Orgulloso de su labor, el artesano agradece el apoyo de sus clientes durante tantos años y comparte la mejor herencia que les pudo dejar a sus hijos gracias a su dedicación y esfuerzo.

“Estoy casado y tengo tres hijos, de los cuales me siento muy orgulloso, ya saqué a dos profesionistas, tengo un enfermero y un ingeniero civil gracias a este oficio y gracias a la gente de San Miguel y sus alrededores que me ha apoyado. Soy feliz con mi trabajo y soy más feliz viendo que mi familia está bien; yo creo que me voy a dedicar a esto el resto de mi vida. Prácticamente lo tengo todo gracias a este trabajo”, finalizó.