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Los Mochis

El Negro Jesús y su vida detrás del volante

Su jornada arranca con el amanecer, en el que permanece de las 5:00 de la mañana a las 8:00 de la noche de lunes a domingo sin descansar

Por: Marisela Jolie

Con sus años de experiencia conoce muy bien la ruta que recorre a diario.(EL DEBATE)

Con sus años de experiencia conoce muy bien la ruta que recorre a diario. | EL DEBATE

Los Mochis, Sinaloa.- Jesús Eduardo Soto Leyva tiene 54 primaveras, es esposo, padre de tres hijos y operador de autobuses del transporte público urbano en Los Mochis desde hace 39 años.

Entre sus familiares y amigos es conocido como El Negro Jesús. 

Su jornada inicia con el amanecer, permanece detrás del volante de 5:00 de la mañana a 8:00 de la noche de lunes a domingo.

El Negro Jesús

“Empecé a los 5 años de birote en los camiones, pero empecé a manejar hasta los 15 años que me dieron mi licencia, un 7 de marzo de 1980. Mi papá fue camionero, y yo lo miraba cuando era niño. Cuando me preguntaba qué quería estudiar, yo le decía que para camionero. Estudié hasta tercero de secundaria y empecé a trabajar en el volante”.

Cada día recorre ininterrumpidamente la ruta Tabachines-Zaragoza en el autobús número 165, que nombró El Tolo, en honor a su sobrino.  

Era un sobrino que me mataron, y antes traía otro camión que se llamaba el Chulalo en honor a mi hijo.”

Mientras don Jesús atraviesa la ciudad cumpliendo con su jornada laboral, observa transcurrir el día a través de la ventana del camión que maneja. Y a veces ocurren sucesos que ponen en riesgo su vida y la de sus pasajeros.

He sufrido tres asaltos: el primero fue en la Burócrata, otro en El Nuevo Horizonte, y el último en el Infonavit Macapule.”

Con sus años de experiencia conoce muy bien la ruta que recorre a diario. Su trabajo se traduce en 21 vueltas a la ciudad y el 17 por ciento de la ganancia del día. “Al principio sí se me hacía cansado, pero ya me acostumbré, se me va el día como si nada.”

El Negro Jesús recuerda su primera experiencia detrás del volante. “El primer camión que yo manejé fue el número 61, de Andrés Caballero, era de la ruta Libertad; a ese le decía Wendy, así se llamaba la hija del permisionario.”

Durante el trayecto, don Jesús saluda a todos los operadores que se encuentra en el camino, se comunican con una sonrisa, un grito efusivo o a través del claxon de sus camiones.

Soy muy feliz haciendo mi trabajo, pero yo siempre soñé con ser un beisbolista profesional.”

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