El gran legado de don Juanito

Fue jornalero, albañil, soldador y vigilante; tiene 10 hijos, 62 nietos, 18 bisnietos y 6 tataranietos

Por  Marisela Jolie

Juan Rendón.(EL DEBATE)

Juan Rendón. | EL DEBATE

El Fuerte, Sinaloa.- Juan Rendón tiene 78 años y es originario de Basitito, un pueblo perteneciente al municipio de Sinaloa, pero desde hace muchos años habita en el ejido Cuatro Milpas, El Fuerte. “Ahí nací, pero ahorita está ahogado por la presa, de allá nos venimos para acá como 1966 a un pobladito, antes la gente de Cuatro Milpas vivía en el Campo 35 viejo, en ese entonces en el 35 nuevo no había gente, nomás había una casita”, expresó.

Aprendió a escribir

Estudió la primaria en medio de la carencia, en un tiempo donde las ganas de aprender abundaban, pero los libros eran escasos. “Estudié con los pocos libros que había. Recuerdo cuando aprendí a escribir mi nombre, yo me sentía muy bien porque ya sabía leer poquito; pero no teníamos escuela, ni nada”.

Empezó a trabajar a los 14 años junto a su padre bajo los rayos del sol en medio de los inmensos campos de cultivo. “A los 14 años empecé a trabajar en el campo con mi papá con el señor Aguirre; cuando cumplí 18 años fuimos a Sonora, allá tuve disciplina militar, y nos regresamos”.

Juan Rendón vive en el ejido Cuatro Milpas. Foto: EL DEBATE

Sus manos también ayudaron a construir uno de los hoteles más importantes de la región. “Empecé a trabajar en las empresas, primero trabajé en el hotel Holiday Inn (Hotel Colinas) haciendo los cimientos y hasta que lo levantamos, yo era ayudante de construcción, a mí me tocó hacer el cuarto presidencial, y ese piso”. 

En ese mismo edificio sufrió los estragos del huracán Paúl en 1982 mientras trabajaba como conserje. “Yo estaba arreglando la cama del cuarto presidencial en el sexto piso cuando empezó el huracán Paúl, estaba lloviendo mucho y el viento soplaba muy fuerte, todos mis compañeros se metieron a refugiarse y yo me quedé ahí; recuerdo que hasta se quebraron los vidrios”.

Don Juanito buscó ganarse la vida en diferentes oficios, y en cada uno dejó su huella. “Trabajé en Aceros del Fuerte, ahí fui cortador de fierro con soplete, y después me cambié a la Prodemex a trabajar como ayudante de soldador. También trabajé en una empresa de velador durante 18 años y cuando yo me salí, me decía el patrón: cómo puede ser que el mejor gallo se me vaya. Siempre dijo que yo era su mejor trabajador”.

Se pensionó hace 18 años, y aunque dejó de ser jornalero agrícola, jamás se alejó de las tierras, desde entonces trabaja vigilando los cultivos sentado bajo la sombra de un árbol acompañado de sus perros Pituca y Chocolate. El legado de don Juanito es enorme: tiene 10 hijos, 62 nietos, 18 bisnietos y 6 tataranietos.

“El 16 de septiembre hizo un año que murió mi esposa, el gran amor de mi vida. Ahora vive conmigo una hija y mis nietas. Cuando yo cumplí 61 años, de Jahuara II venía un tórtolo, y llegó aquí y se paró, y dijeron: ¡Mira yo creo que es un enganche!, y era mi familia que venía a verme. Vienen a verme en mi cumpleaños, y en el de mi esposa, y en Navidad se llena mi casa”.

Su amor al prójimo lo ha convertido en una de las personas más queridas y respetadas de su comunidad. Se mantiene al pendiente de la necesidad del otro, y no duda en compartir lo poco que tiene. “Yo soy apostólico, siempre he ido a las reuniones cristianas y eso me gusta mucho; yo nunca he andado en fiestas, nunca tomé, ni fumé, desde muy joven fui bautizado, a los 21 años, y doy gracias a Dios por mi vida”.

Una vida de trabajo

Su rostro refleja toda una vida de trabajo. La vejez alcanzó sus pasos, pero don Juanito sigue adelante. Le gusta cuidar su jardín de rosas y se le ve muy a menudo con pico y pala acomodando las piedras que se caen de la vía cuando pasa el tren.

“Soy feliz gracias a Dios, después que se fue mi esposa, me quedé con la gran familia que construimos juntos y soy feliz; mi esposa también era cristiana. Lo único que deseo es seguir siendo feliz, amarme a mí mismo y amar a los demás, porque Dios es amor”.