"Cómo alguien se anima a dejar huérfano a su propio hijo"

Ana Patricia dejó de existir la noche del jueves en su domicilio de Mazatlán; desde los fatales golpes nadie sabe de su esposo. Este sábado fue despedida por habitantes de Aguacaliente de Gárate

Por  Cecilia Barrón

Ayer despidieron a Ana(Víctor Hugo Olivas)

Ayer despidieron a Ana | Víctor Hugo Olivas

Mazatlán, Sinaloa.- Su nombre pasará a ser un número más al final de la lista de feminicidios, que en lo que va del año suma en Sinaloa 38 casos, siendo el suyo el quinto registrado en Mazatlán, el primero tras 23 días de haber iniciado el gobierno municipal.

Caso distinto para los habitantes de Aguacaliente de Gárate. Para ellos, lo ocurrido la noche del jueves 22 de noviembre en la colonia Olímpica del puerto va más allá de una cifra. Mataron a golpes a una de las hijas del pueblo, a Ana Patricia, de 27 años, en el interior de su hogar y presuntamente a manos del ser que amaba.

Arrebatos que hacen mella

La tarde para muchos supo a sal. El sol arropó las cabezas de quienes acompañaron el féretro hasta el panteón del poblado, un letrero con la leyenda «Gracias por no olvidarnos» da la bienvenida a vecinos, amigos y conocidos de Ana Patricia.

Con profundo dolor despidieron a la joven. Foto: Víctor Hugo Olivas

Lucila es familiar cercana del esposo de Paty, como le llamaban con cariño a la joven madre de un adolescente, que desde este fin de semana, por culpa de la violencia intrafamiliar, ha quedado en la orfandad.

Lo que más le cala a uno es la manera en que falleció. Cómo alguien se anima a dejar huérfano a su propio hijo, eso es lo que no le cabe a uno en la cabeza. Dicen los papás de él que solo llegó por una moto y se fue, comenta tras identificarse como tía política de quien fuera pareja sentimental de Paty.

Asegura que los papás de él llegaron al funeral apenados y con dolor, desde esa noche desconocen su paradero. Más que justicia, piden fortaleza para sobre llevar la tragedia que destrozó a dos familias enteras. 

La ira que pocas veces se va 

Paty era la menor de siete hermanos, cuatro varones y tres mujeres. Pese a que se casó muy joven, su familia y quienes la vieron crecer no percibieron señales de agresión de parte de su pareja.

"Ella venía seguido al pueblo, a visitar a su papá. Su mamá se les murió cuando ella estaba chiquita y el que la traía para acá era su marido. Nos ha pesado mucho", platica Verónica, una de sus vecinas de infancia, quien al igual que cuando celebraron los 15 años, llegó a la parroquia de la Virgen de la Candelaria para presenciar la misa.

Cientos de oídos escucharon atentos el mensaje del párroco, en el que se despedía a la muchacha carismática. Ninguno de esos oídos presagió la brutal agresión contra Ana Patricia, esa que en feminicidios va disfrazada de un coraje que alerta y que pocas veces se va. Ahora dos familias de la zona rural de Concordia se debaten entre el clamor de justicia, pero también de paz.