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"Colosio siempre presintió que su vida corría peligro": Federico Arreola

El periodista asegura que antes y durante la campaña hubo indicios que hacían suponer que la vida del candidato corría peligro, y él mismo lo intuía

Por  Francisco Castro

Federico Arreola, a 25 años del magnicidio.(Foto: El Debate)

Federico Arreola, a 25 años del magnicidio. | Foto: El Debate

Sinaloa.- A 25 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato presidencial del PRI, el periodista Federico Arreola —quien acompañó al sonorense durante toda su campaña hasta su asesinato, un día como hoy, pero de 1994, en Lomas Taurinas, Tijuana— comparte cómo es que por amistad se enroló en esa travesía que culminó en tragedia y conmocionó al país, y por qué sostiene la hipótesis de que se trató de un crimen de Estado.

El fundador y actual director de SDPNoticias se refiere a ese pasaje trágico de la historia política de México como «la culminación de una campaña rara», una campaña en la que —afirma— hubo todos los indicios de que la vida de Luis Donaldo Colosio estaba en riesgo, y así lo intuía el propio candidato y se lo hizo saber en varias ocasiones, pero, a pesar de ello, nunca fue una opción renunciar a la candidatura.

Entrevistado por EL DEBATE en una visita que hizo a las instalaciones, Federico Arreola sostuvo que su teoría en torno a este magnicidio es la de un crimen de Estado, no la de un asesino solitario, como han sostenido desde el mismo día de la tragedia, pues no hay una sola declaración ministerial de alguien que haya visto disparar a Mario Aburto, que solo existieron señalamientos de que él fue, lo que él aceptó, y luego lo detuvieron. También duda de que el expediente del caso Colosio que fue desclasificado a finales de enero aporte algo nuevo a la investigación en caso de que sea reabierto: «La única posibilidad que se tiene es llegar a presunciones de culpabilidad por la vía política», advirtió.

¿Cómo conoce a Colosio?

Arreola conoció a Luis Donaldo Colosio a inicios de los años 90. Admitió que prácticamente no conocía la Ciudad de México, pero empezó a viajar para comer o cenar con Colosio: «Yo era columnista de El Norte de Monterrey, y después estuve en el grupo fundador de Reforma, que nace un 20 de noviembre de 1993, y a Donaldo lo destapan el 28 de noviembre». 

Él se había reunido un día antes con el sonorense, quien le adelantó su destape. En esas fechas —asegura— lo invitó a que lo acompañara a toda su campaña: «Me dijo: “Escribes lo que quieras, si quieres. Cosas delicadas no las publiques hasta terminar la campaña”. El arreglo era tener acceso a todo. Yo entraba y salía a reuniones. Nadie en esa campaña tenía más acceso a Colosio que yo. Y, en efecto, cuando lo mataron, me puse a escribir y dar declaraciones. Me invitó a eso, y Reforma aceptó, les pareció interesante, pero aquello terminó en una tragedia».

¿Usted observó indicios que le hicieran pensar en que la vida Luis Donaldo Colosio estaba en riesgo?

«Todos».

¿Y el candidato también lo intuía?

«Sí, desde antes de empezar la campaña».

Federico Arreola cuenta que, tras el destape de Colosio, el 22 de diciembre de 1993, Colosio lo invitó a comer con todo y familia: «Lo que quería decirme Luis Donaldo era que no entendía a Salinas, que había un cambio de actitud, que no entendía nada, que todo le parecía raro. Manuel Camacho Solís se había indisciplinado en el destape. Salinas cambió de puesto a Camacho, que era regente en la Ciudad de México, y lo hizo secretario de Relaciones Exteriores. Se fueron a una gira a China, y regresó muy cambiado».

Recuerda que la intención de Colosio era empezar el 10 de enero el arranque oficial de su campaña en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, incluso tenía buena relación con el obispo Samuel Ruiz; pero el primero de enero de 1994 supieron del levantamiento zapatista. El país se convulsionó, y Salinas le impidió ir a San Cristóbal a iniciar la campaña.

El candidato del PRI tuvo que empezar en Huejutla, la Huasteca hidalguense, al tiempo que, en Chiapas, Camacho se convertía —señala Arreola— en héroe nacional pacificando una guerra zapatista de diez días que consideró una faramalla, pero alentaba la idea de que Camacho le quitaría la candidatura a Colosio.

Cuestionado sobre si Luis Donaldo pensó en renunciar a su candidatura, afirmó que no: «A veces, sin que se le preguntara, él decía: “Yo estoy muy sano. Si quieren que me enferme para renunciar a la candidatura, no va a ocurrir”». 

Los indicios de peligro

Arreola recuerda que, un día antes del asesinato, Colosio llegó de gira a Sinaloa, y en algún momento —que no recuerda si fue en Mazatlán o Culiacán— les llegó la noticia de que «Camacho Solís había declarado que no quería ser candidato, que no iba a serlo a cualquier costo, que renunciaba a esas aspiraciones», lo que —asegura— preocupó al jefe de seguridad del candidato, el general Domiro García Reyes, «sobre todo esa parte de renunciar a cualquier costo», subrayó.

La mañana del 23 de marzo de 1994 volaron a La Paz, en donde Colosio recibió una llamada «que yo supuse rápido que era de Salinas porque se apartó mucho del grupo y se le veía molesto y exaltado».

Al aterrizar en Tijuana, Arreola cuenta que el general Domiro García le dijo nuevamente que estaba preocupado porque había unas personas protestando en Lomas Taurinas, un evento pequeño, un lugar de paso. «Me dijo: “Traen unas pancartas que dicen ‘Colosio, Camacho y comandante Marcos te vigilan’”».

Al lugar que llevaron a Colosio en Lomas Taurinas era un sitio sin pavimentar, con un solo acceso. Para llegar al escenario tenía que atravesar por donde estaba la multitud y cruzar por un puente de tablas un arroyo de aguas negras, cuando lo ideal siempre era colocar el templete en la zona de llegada para que el candidato diera el discurso y saliera de inmediato, sin comprometer su seguridad, afirmó.

Recuerda que, al terminar el discurso, él y el doctor Guillermo Castorena, quien acompañaba a Colosio, se adelantaron a la camioneta para esperarlo: «Estábamos en la camioneta platicando, esperando para irnos, cuando ocurre lo que ocurre. Nos damos cuenta porque gritan “doctor, un atentado”. Él corre por su maletín de emergencias. Nos acercamos a donde está Luis Donaldo. Al llegar, todo mundo se quita, y Donaldo estaba con el cerebro de fuera; en mi opinión, herido de muerte».

Afirmó no haber escuchado los disparos ni haber visto a Mario Aburto disparar, pero no solo ellos, sino nadie del Estado Mayor Presidencial, ningún testigo: «No hay declaraciones ministeriales de nadie que diga “yo vi al señor Aburto”. Lo arrestaron porque alguien dijo: “Fue ese”. Y él dijo: “Sí, yo fui”».

Narró que «el médico que atendió a Colosio, que le dio respiración de boca a boca y trató de salvarle la vida, el mismo que le hizo la autopsia, me dijo no saber cómo había ocurrido todo; que no tenía quemado el pelo, la piel, ni por dentro, como suele ocurrir en atentados de cerca como este».

La hipótesis

Al hablar de los sucesos que lo hacen suponer que se trató de un crimen de Estado, el periodista y empresario aseguró que fue una acumulación de hechos raros, entre los que destacó un cambio inusual del grupo del Estado Mayor Presidencial que acompañaba a Luis Donaldo en plena gira y el mismo día que ocurrieron los hechos, lo que nunca había ocurrido.
Insistió en que fue una acumulación de hechos tan raros: «En el contexto de la guerra zapatista, las agresiones de Salinas a Colosio, jugando con la posibilidad de que Camacho lo reemplazara, una prensa totalmente volcada a elogiar a Camacho, hablar de un proceso de pacificación que era puro cuento y una prensa que lo ignoraba.

»El video que vimos, pues, se ve que el disparo está cerquita, y además se ve la lumbre, una pistola vieja quema más. Contra todas las leyes de la física, esa pistola que hecha lumbre no quema nada. Un general diciendo que había francotiradores, un video donde se ve que sí le disparan a Colosio de muy cerca, video que primero dicen es de la televisión argentina, y después que es del Cepropie, de la Presidencia de la República», señaló.

Sobre el envío al presidente Andrés Manuel López Obrador de una carta por parte de la familia de Mario Aburto Martínez en la que le piden que reabra el caso, el periodista regio reconoció que el caso se puede reabrir, pero no ve ninguna posibilidad de encontrar nada nuevo, porque sostiene que el expediente no sirve para nada.

El Gobierno de López Obrador

Federico Arreola se identifica como amigo de Andrés Manuel López Obrador, a quien admite haber apoyado en la campaña del 2006. 

Cuestionado sobre los aciertos y los errores del mandatario federal pasados los primeros cien días de gobierno, el periodista considera que el principal acierto es la austeridad y la honestidad con que se está reconstruyendo el Gobierno federal. También califica como un acierto la cancelación del aeropuerto de Texcoco, pues considera que iba a generar un gran robo y un problema ambiental, una catástrofe hidráulica para la Ciudad de México.

En cuanto a errores, refirió que si no se hacen bien los cálculos para construir la refinería (en Dos Bocas, Tabasco), puede ser un problema mayor para el Gobierno, pues puede haber un poco de cuentas alegres, afirmó. Además, admitió no saber si el Tren Maya sea económicamente viable, pues él hubiera preferido la construcción de trenes de alta velocidad de la Ciudad de México hacia Monterrey o Guadalajara, porque el país necesita de esa infraestructura para no depender tanto del aeropuerto.

Sobre el elevado índice de inseguridad y la estrategia para su combate, el fundador de Milenio dijo que hay dos: combatir a sangre y fuego al crimen organizado o esperar que los programas sociales alejen a muchas personas de la delincuencia.

Sobre el repunte en los asesinatos, considera que estos no son de AMLO, ni siquiera de Peña Nieto, sino de Calderón, que «para legitimarse declaró una guerra a tontas y a locas a unas mafias que no son un ejército, tienen base social», porque en muchas comunidades generan empleos.