Honestidad y cero corrupción promete el nuevo presidente

López Obrador aclaró que no habrá persecución contra exfuncionarios y reiteró que se apegará al programa de austeridad; además, aseguró que la creación de la Guardia Nacional es una medida necesaria

Por  El Debate

Andrés Manuel López Obrador asume la presidencia de México. Foto: Agencias

Andrés Manuel López Obrador asume la presidencia de México. Foto: Agencias

Ciudad de Mexico.- Después de las 10:15 horas, AMLO rindió protesta y asumió la Presidencia de México. Ya con la banda presidencial al pecho, Andrés Manuel López Obrador siguió siendo López Obrador. En su primer mensaje a la nación como titular del Ejecutivo, López Obrador arengó, denunció, confrontó a sus opositores, arremetió contra el modelo económico neoliberal y repitió la mayoría de las promesas que hizo en campaña.

«Hoy no solo inicia un nuevo gobierno, hoy inicia un cambio de régimen político», dijo el izquierdista de 65 años desde la tribuna de la Cámara de Diputados.

«A partir de ahora se iniciará una transformación pacífica y ordenada, pero al mismo tiempo profunda y radical porque se acabará con la corrupción y con la impunidad que impiden el renacimiento de México», mencionó.

Sin embargo, y tal como lo dijo tras ganar las elecciones de julio, señaló que no piensa perseguir a los funcionarios de gobiernos anteriores porque no lo anima la «venganza» y que es «partidario del perdón y la indulgencia». Esta posición le ha valido desde hace semanas diversas críticas de quienes piensan que eso abre paso a la impunidad que también ha dicho que combatirá.

 El presidente de México es felicitado por Peña Nieto. Foto: Agencia

López Obrador agregó que si algún funcionario o familiar comete algún delito o incurre en prácticas de corrupción se les investigará y castigará. En su primer discurso como presidente aseguró que el suyo será un gobierno honesto que peleará por disminuir la desigualdad, uno de los grandes problemas que enfrenta el país.

«Nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo», dijo. «Esa es la causa principal de la desigualdad económica y social, y también de la inseguridad y de la violencia que padecemos». También aseguró que en su gobierno no habría lugar para los fraudes electorales y se comprometió a no aumentar los precios de la gasolina, situación que generó gran enojo entre la población durante la gestión de su predecesor.

Además, enlistó algunas acciones que pretende tomar, entre ellas, la cancelación de la reforma educativa, atención médica gratuita en zonas marginadas, que los aumentos al salario mínimo no volverán a fijarse por debajo de la inflación y que los jóvenes que quieran trabajar deberán ser contratados y recibirán un salario.

Lo que viene
El primer mensaje presidencial duró más de una hora, y en él aprovechó para explicar su plan de seguridad y argumentar que la Guardia Nacional, bajo mando militar, es una medida necesaria.

En su defensa a las Fuerzas Armadas, López Obrador aseguró que son un ejército revolucionario, emanado del pueblo, y que nunca ha caído en la tentación del golpe militar. En las curules, panistas, perredistas y legisladores de MC se agitaban, levantaban la voz, se levantaban y se volvían a sentar. Andrés Manuel López Obrador los volteaba a ver, los dejaba gritar, los escuchaba y les respondía.

El Zócalo estuvo abarrotado durante todo el día. Foto: Agencia

Más de una hora después de iniciar su primer discurso en «la máxima tribuna de la Nación», les prometió que no se va a reelegir, de ninguna manera. También anunció que al tercer año se someterá a una consulta de revocación de mandato, ante lo cual los panistas volvieron a la protesta, esta vez con cartones en los que se leía: «democracia sí, autoritarismo no». Acostumbrado al vendaval, López Obrador siguió leyendo su largo discurso, sin bajar el tono ni perder el hilo. El discurso que soñó leer desde hace al menos 12 años, en su primera campaña presidencial, duró una hora con 18 minutos. Casi al final saludó a los mandatarios y representantes de países vecinos y amigos que acudieron a presenciar la toma de posesión. Entre otros, mencionó a Lenín Moreno, Evo Morales, el rey Felipe de España, Michael Pence, Ivanka Trump y Nicolás Maduro.

Los que serán sus secretarios estuvieron muy atentos. Foto: Agencia

Cuando mencionó al venezolano, los gritos se reanudaron en la bancada panista, que desde el inicio de la sesión ya había colgado una manta azul con el retrato del sucesor de Hugo Chávez y la consigna «Maduro, no eres bienvenido». Mientras López Obrador tomaba aire, como dejando que los panistas hicieran su anunciada protesta, la manta de Maduro fue colocada al frente del recinto, debajo de la tribuna. Pero, nuevamente el episodio duró apenas un minuto, pues el presidente siguió leyendo e improvisando.

Al final del discurso contó que en la mañana, camino de su casa al Congreso, un joven en bicicleta lo alcanzó, se acercó a su auto y le dijo: «Usted no tiene derecho a fallarnos». Con esa frase, el presidente marcó el final de su discurso y el inicio de su sexenio, el de la cuarta transformación. 12 años después de intentarlo por primera vez, Andrés Manuel López Obrador dijo, desde la máxima tribuna de la Nación, lo que aquel joven le pidió sobre una avenida de la Ciudad de México: «No tengo derecho a fallar».