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Cuando los trastornos mentales se heredan

Padres de familia cuentan a EL DEBATE lo que generó en sus hijos el que ellos fueran adictos durante la procreación de los mismos

Por  Lorena Caro

Cuando los trastornos mentales se heredan(Foto ilustrativa Pixabay)

Cuando los trastornos mentales se heredan | Foto ilustrativa Pixabay

Culiacán, Sinaloa.- Moisés comenzó a beber alcohol a sus 20 años. A partir de ahí se volvió dependiente de la sustancia legal. En ese momento también iniciaba una vida en pareja, y para sus 23 años ya esperaban a su primer hijo. 

El alcohol lo llevó a las drogas; y las drogas a ser recluido en un centro de rehabilitación. Tras meses de sobriedad, reconoce que su adicción durante la procreación de su hijo pudo cambiar la vida del pequeño de manera genética. Él niño ahora vive medicado al ser diagnosticado con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), caracterizado por la dificultad para prestar atención, la hiperactividad y la impulsividad, un padecimiento mental que está dentro de los más diagnosticados en menores de Sinaloa. 

Moisés —quien prefiere omitir su verdadero nombre— cuenta que durante el proceso de alcoholismo su esposa le detectó el padecimiento al niño y casi desde entonces fue tratado.

Esto cuando tenía entre 2 y 3 años de edad: «Ella me ha hecho el comentario que si por mi alcoholismo pudiera ser que él haya nacido así, pero yo le pongo excusas, me defiendo; pero puede ser. Ya ahorita como estoy asimilando, estoy seguro de que así es. Pero yo no me drogaba en ese entonces», cuenta. 

Foto: Cortesía

Explicó que su pequeño hijo, que hoy tiene alrededor de 10 años, solo convivió con él dos veces cuando era consumidor de drogas, después de eso él decidió internarse: «En la adicción a la droga, dizque convivía con él, pero él era un pretexto. Yo lo agarraba y me lo llevaba a jugar, nomás jugaba por estar con él y yo le tiraba la pelota para donde fuera para drogarme en el carro. Lo agarraba de pretexto para salir a drogarme», cuenta Moisés, quien en ese momento era adicto a la cocaína. Ahora cree que su hijo sabía que no estaba al 100 por ciento con él. Lo sabe por el rechazo que le muestra, «como si él quisiera declararme algo de un tiempo perdido».

Moisés atraviesa ahora un proceso de retomar su papel como padre, y siente temor porque lo que ha escuchado es que la hiperactividad en niños incrementa la probabilidad que sean adictos de grandes.

El mayor temor es que él agarre una adicción de alcohol, de drogas, porque sí he conocido que cuando uno es consumidor, cuando tiene un hijo hiperactivo, casi es el 90 o 100 por ciento que el hijo pueda consumir, y es el temor que yo tengo

Tres generaciones de dolor 

Pero no es el único. Mientras Moisés platica su historia, Baltasar espera a contar la suya, con pena, pero con la intención —dice— de que no se repita la situación con otros jóvenes. 
Hasta hace unos meses, Baltasar fue adicto a diversas drogas, como mariguana y otras que no especificó. ;o vive con sus hijas, pero sabe que son la tercera generación en su familia adicta a sustancias ilegales. 

El padre de Baltasar fue consumidor durante su procreación, y lo sigue siendo. Después de años, él mismo cayó en las drogas y también procreó una hija durante ese periodo. Las consecuencias han seguido un patrón mental para él y para sus hijas, que desde pequeñas fueron diagnosticadas con el trastorno crónico caracterizado por la dificultad para prestar atención, la hiperactividad y la impulsividad. 

«Cuando procreé a mi primera hija, su mamá era la que consumía. Ella nació con problemas de déficit de atención. Es muy inteligente, pero tenía el problema de que no estaba quieta y violenta en la escuela. La otra niña que tuve sí fue cuando me empecé a drogar, ella nació con déficit, yo también soy una persona que nació igual», contó. 

Cuando estuvo con su primera pareja, que era extranjera y consumidora, cuenta que el proceso del embarazo no fue cercano. Sin embargo, con su segunda pareja, que era cuando ya consumía, sí sabe que el embarazo fue riesgoso:

Ellas no sé si saben que puede deberse a eso su conducta. Yo me siento mal muchas veces, pero lo bueno que no se dio de otra manera. En ese momento no pensaba las cosas

Aunque hoy tiene contacto con las menores de entre 11 y 15 años, no hablan de su adicción o de su recuperación, pero sabe que la mayor ya ha fumado mariguana. 

Carga heredada

«Yo soy como ellas. Mi padre fue drogadicto, y nací con el síntoma. Me llevaron a escuelas de educación especial; no me aguantaba. Mi papá toda su vida ha consumido. Me daban bullying porque me decían que iba a esa escuela. Después me dijeron que necesitaba gastar energías para tranquilizarme. Iba a todas partes: futbol, karate», dice. Cree entonces que eso fue lo que los llevó a este punto. Creía que su padre era un héroe, un ídolo al que le debía respeto, pero eso cambio con el tiempo. 

José Antonio Zorrilla Dosal, psiquiatra infantil, en adolescentes y adultos, afirmó que sí puede haber influencia genética para que un niño de padre o madre adicta a sustancias, como drogas, alcohol o medicamentos, nazca con problemas de salud mental:

«El embarazo es una parte esencial en el desarrollo de los niños, y, obviamente, si cualquiera de los padres tiene algún trastorno mental, sí, la heredabilidad se ha comprobado, existe un alto riesgo mayor que la población en general. Entonces, si los padres tienen un padecimiento mental, es mucho más frecuente que alguno de los hijos lo llegue a presentar», mencionó. 

Detalló que la adicción en sí no es el diagnóstico, la mayoría de los pacientes tienen otros diagnósticos que los llevan a caer en adicciones. Generalmente, indicó que empiezan con otros problemas mentales, como depresión, ansiedad o el mismo TDAH, que los lleva a caer en el consumo y posteriormente se hace una adicción. 

En entrevista telefónica para EL DEBATE desde la Ciudad de México, el especialista señaló que además de la carga genética, depende también la sustancia y la cantidad que se consuma:

En cuanto a las sustancias, es más el riesgo si lo consume la madre durante el embarazo. Y el riesgo es tanto de padecer a lo largo de todo su desarrollo, un padecimiento mental y hasta malformaciones, que es lo más grave 

Sobre el TDAH, indicó que si cualquiera de los padres lo presenta, el porcentaje de que alguno de los hijos lo presente es muy alto, generalmente siempre ocurre, y eso se correlaciona: «Una persona con TDAH es más probable que pueda caer en el consumo de sustancias, hay mayor riesgo en estos pacientes. Si el paciente tiene TDAH, es más fácil que llegue a consumir sustancias adictivas. Y por lo tanto, si llega a tener hijos, el riesgo aumenta en todos los sentidos. Sí, es cierto, son más propensos a ser adictos», sentenció.

De acuerdo con el psiquiatra, el mayor riesgo es en la adolescencia, pero a lo largo de la vida de la adultez también existe el riesgo de caer en adicciones y que estas afecten su funcionalidad. 

A pesar de lo anterior, señaló que sin TDAH un menor también duplica el riesgo de padecer una enfermedad mental al ser hijo de padres adictos, explicó José Antonio Zorrilla Dosal, «porque de por sí ya trae la psicopatología y no hay apoyo familiar. Los padres tienen consumo, generalmente los padres que tienen consumo de sustancias tienden a tener negligencia en la crianza, todo esto complica y empeora el consumo. Si se trata todo esto, se puede evitar», añadió.

Acciones de prevención 

En tanto, Verónica Rodríguez Infante, psicóloga clínica de Sinaloa y especialista en adicciones, reafirmó la postura del psiquiatra al indicar que sí existe una tendencia y hay amplias probabilidades de que cuando el paciente consume, desde ahí ya genera una raíz que va y toca los procesos de los productos, de los niños:

«Si encima de esto yo no pongo atención, porque me enfoco más en el adicto que en las consultas de los niños, esto va avanzando y llega un momento en que no di la atención, y ya tengo factores en contra porque la madurez avanzó como pudo, aun así nosotros empezamos a canalizar con el neurólogo, el psiquiatra y se hace un trabajo en equipo», explicó. 

Foto ilustrativa Pxhere

Destacó que existe un dato importante que preocupa en cuanto a la afectación genética de menores con padres consumidores. Actualmente —dijo—, el consumo de drogas inicia a menor edad: «Si bien no tengo mi cuerpo desarrollado al cien, como futuro papá, yo no sé lo que vas a poder crear después con un hijo. Si los jóvenes están consumiendo a corta edad ahorita, 11, 10, 9 años, ni siquiera tienen el desarrollo de su propio cuerpo, ahora los imagino yo al tiempo dando vida, siguiendo en el consumo, debe haber secuelas muy fuertes a futuro por la siguiente generación», abundó.

Lamentó que los programas de prevención no estén enfocados en ese sentido: «Pocas veces yo he escuchado que hablamos de la carga que podemos dejar en nuestros hijos. Si bien hay consecuencias que a lo mejor se retoman como preventivo, yo no he escuchado como fuertemente. Aparte de eso, si tú llegas a tener hijos, les puedes provocar esto o esto; es no consumas, y hasta ahí», mencionó. 

Por su parte, José Trinidad Lizárraga Ochoa, especialista en psicología clínica y educación familiar, abundó que el vínculo que existe entre un padre o madre y su hijo genera una conexión única capaz de arrastrar con situaciones históricas de cualquiera de los padres.

Ejemplificando con el caso de una madre, el especialista detalló que dichas situaciones se activan en la crianza del bebé, de tal forma que si la madre viene arrastrando una serie de situaciones no resueltas, en este caso con su propia atmósfera como la familia, es cuando la niña, ahora convertida en madre, va a activar esa historia sin darse cuenta, esto es a nivel inconsciente. 

Situaciones no resueltas 

«De aquí que este espacio se va a llenar con toda esta historia de la madre. Si sus condiciones mentales de esta madre están más o menos estables, todo esto se va a poner en juego en relación a este maternaje en el cuidado de su bebé, y entonces, paulatinamente, le va a ir transmitiendo a este niño una situación emocional más o menos estable o bien conflictiva», indicó. 

Al ser cuestionado sobre cómo se puede sacar a un menor de un patrón generacional de adicciones y maltrato, el especialista indicó que, en primer lugar, se tienen que hacer programas de prevención, pero más intensivos:

«En otros países sí existe una condición adversa en la cual está siendo criado un niño, el propio estado se lo retira y le da otro tipo de cuidados. Se pudiera pensar que aquí en México también, pero la burocracia y todo lo que ocurre de manera bastante lenta; además, la misma institución social carece de recursos económicos, no tienen buenos programas, entonces a su vez retardan el rescate de un niño en ese tipo de condiciones, porque eso les traería al estado otro tipo de problemas», señaló.