No Usar

Sinaloa tiene un rostro más allá del Chapo Guzmán: Alfaro

La sociedad sinaloense que trabaja y se esfuerza no debe ser solo reconocida por el narcotráfico de la entidad o por sus personajes como Joaquín Guzmán Loera, ahora que tras los juicios en Estados Unidos está en la mira internacional, considera el escritor sinaloense

Por  América Armenta

Joaquín «Chapo» Guzmán, quien será enjuiciado en Estados Unidos por once acusaciones.(Foto: El Debate)

Joaquín «Chapo» Guzmán, quien será enjuiciado en Estados Unidos por once acusaciones. | Foto: El Debate

Culiacán, Sinaloa.- Tras las noticias que han surgido en torno a Joaquín «Chapo» Guzmán Loera, quien fuera el presunto narcotraficante más buscado en todo el mundo, también se ha colocado en el ojo de la prensa al estado de Sinaloa, que lo vio crecer en el municipio de Badiraguato. Pero personajes como este afamado capo no representan a toda la población de Sinaloa.

EL DEBATE conversó con el escritor sinaloense Leónidas Alfaro Bedolla, quien entre historias contó cómo el narcotráfico ha estado presente en la entidad desde los años 50 con prácticas como la producción de goma de opio o adormidera para sobrevivir, un trabajo más para obtener mercancía de cambio

Sin embargo, ahora los narcotraficantes con ansias de poder han permeado, sobre todo en los jóvenes, quienes a través del cine, de series, de la música o de los medios de comunicación masivos han encontrado una cultura que llama la atención, y que si bien es carente de valores, como la honestidad, esta apología a ese estilo de vida es el que ha hecho que en Sinaloa y en el mundo se sepa quién es Joaquín Guzmán Loera.

> Leónidas Alfaro Bedolla, autor de varios libros que abundan en los orígenes del narco en Sinaloa. Foto: El Debate

Todo esto (información mediática y apología al narco) sin pretender va y se incuba en la mente de los jóvenes, y eso es lo que ha hecho que adoren a un narcotraficante como el Chapo Guzmán

Narcocultura impuesta

El Chapo —explica el escritor sinaloense— se ha convertido en un símbolo para las juventudes: «Es una simbología que desgraciadamente denigra. Muy lamentable para lo que es el verdadero Sinaloa. En Sinaloa, la mayoría de las personas somos honestas y queremos, con nuestro esfuerzo y nuestro trabajo, hacerle a Sinaloa el verdadero rostro que buscamos, que es el del sacrificio de levantarnos todos los días con deseos de superación».

Actualmente hay un bombardeo —considera Alfaro— de la cultura del narcotráfico que se puede observar a través de las canciones que las y los jóvenes escuchan, en las cuales los narcotraficantes quedan en un papel de héroes. Esto —explica el autor de Por amor a Feliciana— rebasa las instituciones, pues la narcocultura está incrustada en todo.

Como ejemplo puso La reina del sur, obra de Pérez-Reverte, que es una conocida historia de una traficante: «Es una forma de entrar más rápido a la mente para persuadir, y eso es lo que ha hecho mella en los jóvenes, inclusive que hagan votos de carácter religioso, como lo hacen con el santo Malverde, el santo de los narcos», mencionó.

Empatía con personajes del narco

A través del tiempo —explica Alfaro— ha ido avanzando el narco, siempre con el principio de «dejar hacer» por todos los niveles de gobierno, desde los síndicos hasta el presidente y otros poderes federales, llegando a involucrarse, como a inicios de los años 50 lo hicieron personajes como Pedro Avilés y Lalo Fernández en Badiraguato; también figuras como Miguel

Ángel Félix Gallardo, quien en la escuela fuera compañero de Alfaro Bedolla.

Luego lo veo (a Félix Gallardo) encumbrado en el ámbito del narcotráfico, al grado de ser capo, que domina la zona de Sinaloa y después se va a Guadalajara y domina la zona centro, de tal manera que lo sucede Inés Calderón Quintero

Respecto a ellos, resalta: «Son personajes que nacen porque fueron sobre todo aceptados por la sociedad en general, por todo el mundo. Es más, todavía hasta la fecha la gente se siente protegida si tiene un amigo narco, porque le puede pegar una alivianada o lo puede sacar de una bronca; pero, por otro lado, está la parte negra: tener un enemigo narco es lo peor que te puede pasar».

Para el autor de Tierra Blanca, personajes como el Chino Ántrax; Amado Carrillo Fuentes, mejor conocido como el Señor de los Cielos; o el mismo Mayo Zambada han manejado con más discreción su imagen; sin embargo han hecho y deshecho entre los grupos del crimen organizado y han causando estragos en la seguridad de la sociedad, en comparación con Joaquín Guzmán Loera, que para Alfaro ha buscado resaltar entre los demás, demostrando que manda al entrar y salir de la cárcel en más de una ocasión, pero al parecer al estar ahora en manos estadounidenses sea diferente, considerando que tampoco los «gringos» se pueden resistir al dinero.

El narco y la sociedad

«Mínimamente en tres de mis novelas, Tierra Blanca, Las amapolas se tiñen de rojo y La maldición de Malverde, en ellas he plasmado precisamente lo que he visto desde hace muchos años; se puede decir desde que tengo uso de razón, porque yo soy de Culiacán».

Alfaro cuenta que a la edad de 5 o 6 años él ya andaba por el mercadito Rafael Buelna, y entreverado entre la gente miraba cómo en las tranvías provenientes de la sierra bajaban algunas latas mantequeras llenas de «bolas oscuras», que con el tiempo supo que eran bolas de goma de opio, lo que procede de la amapola: «Yo veía que esas bolas los campesinos que llegaban las cambiaban por ropa, por arados, por sillas de montar, una gran cantidad de enceres por como cuatro o cinco bolas de esas y también por mercancía, como comida», describe el escritor.

También recordó la designación de la sierra de Sinaloa y Chihuahua por los norteamericanos como zona para sembrar amapola, a causa de que Hitler cerró el acceso al mundo occidental en 1939, en plena Segunda Guerra Mundial, donde se producía la goma de opio con que se abastecía Estados Unidos para elaborar medicamentos en los frentes de guerra.