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Pese a las carencias, El Tule conserva su tradición

ESCUINAPA

Escuinapa. Carentes de luz eléctrica, agua potable y oportunidades de empleo, los habitantes de la comunidad tepehuana de EL Tule, han logrado subsistir con lo poco que la vida les da y los apoyos que las autoridades les brindan.

Ubicados en la zona serrana del municipio, el recorrido para llegar a esta comunidad es de aproximadamente dos horas en camioneta y hasta tres para quienes se aventuran a realizar el viaje caminando o en bestia, atravesando veredas y admirando paisajes únicos de la sierra escuinapense.

Preservan su cultura y tradición. Durante la temporada de secas, la comunidad se torna triste, se resiente el estiaje y la carencia de agua, mientras que durante la temporada de lluvias, el verde de los paisajes que adornan el recorrido para llegar a este lugar, llena de vida a los habitantes de esta comunidad.

En casas de palma elaboradas de manera rústica, se resguardan de las inclemencias del tiempo y conviven de cerca con especies de flora y fauna que "abajo" desde hace tiempo no se ven.

Al ser la mayoría de los habitantes de origen tepehuano, aún prevalece en la comunidad esta lengua, que los padres heredan a los hijos, buscando preservar su cultura y tradiciones.

Después de algunos años, se han acostumbrado a lidiar con la falta de agua, pues debido a las condiciones en las que se ubica la comunidad difícilmente las autoridades han hecho algo para dotarles del vital líquido.

Por esta razón, las mujeres de la comunidad tienen que recorrer hasta 400 metros para llegar a un venero, en donde les colocaron una pileta para poder acarrear sus galones o cubetas, batallando entre el cansancio y las condiciones en que se encuentra el camino, con la finalidad de transportar este líquido a sus hogares.

Oportunidades de empleo, pocas; la caza de algunos animales y la siembra de algunas mazorcas que resguardan para compartir entre toda la comunidad, se convierte en la esperanza para sobrevivir en este lugar.

Los ánimos no desisten. A pesar de las dificultades y de lo difícil que puede ser la vida en este lugar, el semblante alegre de los niños y el entusiasmo de los mayores no desisten fácilmente.

Hasta aquí acuden profesores de Conafe, quienes cada lunes "suben "a la comunidad para brindar oportunidades de conocimiento a los niños y jóvenes que habitan en este lugar. Mientras que cada viernes "bajan" para estar con sus familiares y aprovechar para acudir con las autoridades a solicitar algunos apoyos para sus niños.

Gabriela Palomares, tiene ya varios meses en este lugar desempeñando sus labores como docente, junto con otros dos compañeros, reconociendo lo difícil que es adaptarse a la vida que las personas del lugar llevan, sin electricidad y sin agua.

Caminando por horas para llegar al lugar, su único objetivo es brindar un poco de ayuda y conocimiento para los habitantes.

A últimas fechas, las autoridades han vuelto los ojos a este asentamiento, comprometiéndose a brindarles una mejor calidad de vida.