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Personas dejan velas para recordar la

Personas dejan velas para recordar la "Noche de los Cristales Rotos" en Berlín. Foto: AFP Fotógrafo: BERND WUESTNECK

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Así fue el cruel asesinato de la judía más joven, una bebé de 10 meses

Walter Frankestein es uno de los últimos sobrevivientes del holocausto y hoy cuenta las desgracias que vivió el día más triste de su vida

Por: AP

BERLÍN (AP) - Walter Frankestein tenía 14 años cuando un agente de la policía fue al orfanato judío donde vivía en Berlín y les dijo a los chicos que se fuesen de inmediato porque "iba a pasar algo malo esa noche". en la "Noche de los Cristales Rotos".

Asi contó como fue el cruel asesinato de la judía más joven, una bebe de 10 meses, llamada Cilla Fuks.

Caía la tarde del 9 de noviembre de 1938. Al anochecer, se trepó al techo del orfanato y vio incendios en la ciudad,

"De inmediato supimos que estaban quemando las sinagogas", relata.

Walter Frankestein de 94 años, es un sobreviviente del holocausto. Foto: AP

"Al día siguiente, cuando tenía que ir a la escuela, había vidrios rotos, brillantes, por todos lados en las calles".

Frankenstein, quien hoy tiene 94 años, estaba describiendo la Kristallnacht (la "Noche de los Cristales Rotos") en que los nazis, incluidos numerosos ciudadanos comunes, aterrorizaron a los judíos de Alemania y Austria.

Adolfo Hitler, a la derecha, en Compiegne en 1940 después de dictar los términos a Francia para su rendición, en Compiegne, al norte de París. Foto: AP

Mataron a al menos 91 personas y destruyeron 7.500 negocios de judíos. También quemaron 1.400 sinagogas, según el Yad Vashem, tal vez el museo del holocausto judío más importante del mundo, con sede en Jerusalén.

Unos 30.000 hombres judíos fueron arrestados, muchos llevados a campos de concentración como los de Dachau o Buchenwald. Cientos se suicidaron o murieron como consecuencia de los malos tratos recibidos antes de que comenzasen las deportaciones masivas oficiales.

Las reservas alemanas son llevadas al frente. Foto: AP

En medio de las conmemoraciones del 80mo aniversario de esa persecución, Frankestein regresó al sitio donde presenció la violencia desatada contra los judíos siendo adolescente.

Uno de los pocos sobrevivientes que quedan al holocausto y ayudado por un caminador, Frankenstein se acercó a paso lento al sitio que alguna vez ocupó el orfanato Auerbach'sches Waisenhaus.

Su memoria está intacta y recuerda con exactitud todo lo que pasó esa noche.

"Unas pocas horas después de que el agente de civil nos alertase, un grupo de uniformados vino y nos dijo, 'tienen que salir ya, vamos a prenderle fuego al edificio'", relató Frankenstein durante una entrevista con la Associated Press realizada esta semana.

Los bomberos en la sinagoga que fue incendiada por los soldados nazi, en Berlín. Foto: AP

No había tiempo de sacar a los huérfanos más pequeños rápidamente, de modo que Frankenstein y otros muchachos un poco más grandes convencieron a los uniformados, que pertenecían a la organización paramilitar Sturm Abteilung (SA), de que si iniciaban un incendio, el fuego se propagaría a otros edificios.

"Se fueron a nuestra sinagoga, apagaron las luces del santuario y dejaron correr el gas", cuenta Frankenstein. "Pronto empezamos a sentir el olor a gas".

Frankenstein y sus amigos corrieron hacia la sinagoga, abrieron las ventanas y apagaron el gas antes de que hubiese una explosión.

Walter Frankestein tenía 14 años cuando vió frente a sus ojos como el orfanato en el que vivía se incendiaba. Foto: AP

"Seguramente pensaron que si salía suficiente gas, en algún momento habría una explosión", expresó.

La Kristallnacht es a menudo considerada el inicio del holocausto judío, por más que se haya dado años antes de que los nazis pusiesen en marcha su "solución final" para los judíos de Europa, en la que murieron 6 millones de judíos.

Guy Miron, director del Centro Yad Vashem para la Investigación del Holocausto en Alemania, dijo que la Noche de los Cristales Rotos fue un baño de agua fría para los judíos de Alemania.

Velas en honor a los judíos que murieron en "La Noche de los Cristales Rotos" en Berlín. Foto: AFP

"Hasta entonces, los judíos todavía se decían a sí mismos que todo eso podía parar. Después de esa noche, no quedó ninguna esperanza. Se dieron cuenta de que no había nada que hacer", comentó. "Antes de la Kristallnacht, la gente emigraba. Después, se escapaba".

Parado junto a un árbol de hojas amarillas, Frankenstein miró hacia una pared de ladrillo roja, el único recordatorio del orfanato del barrio Prenzlauer Berg. El edificio fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial por un bombardeo aéreo en 1943.

La pared es un monumento a los huérfanos judíos que no sobrevivieron al holocausto. Tiene inscriptos en sus ladrillos los nombres y las edades de 140 menores. La más joven, Cilla Fuks, tenía diez meses cuando fue asesinada.

Un edificio recuerda la trágica noche en que quemaron y mataron a cientos de judíos de orfanatos y cinagogas. Foto: AFP

Frankenstein fue uno de los pocos que sobrevivió. En 1943 se escondió con su esposa Leonie, a quien conoció en el orfanato, en momentos en que los nazis deportaban a miles de judíos de Berlín a Auschwitz.

"Nos juramos no hacer lo que Hitler quería", expresó. "Por eso nos escondimos".

Con su bebé recién nacido Uri, pasaron 25 meses escondidos en Berlín. Un segundo hijo, Michael, nació en 1944, cuando todavía seguían clandestinos.

Foto: AFP

En 1945, tras el colapso del Tercer Reich, los Frankenstein emigraron a lo que todavía era Palestina. Once años después, en 1956, se fueron a Suecia, donde se radicaron definitivamente.

En la actualidad Walter Frankenstein regresa a Alemania varias veces al año. A menudo le habla a escolares sobre su vida y el viernes, en el aniversario de la Kristallnacht, será homenajeado por la ministra de cultura Monika Gruetters.

En el 2014 recibió la más alta condecoración civil de Alemania, la Cruz al Mérito.

Cada vez que viaja a Berlín, lleva consigo la caja con la cruz. Adentro de la caja tiene la primera "marca" que recibió de los alemanes: la Estrella Judía que tenía que lucir para identificarse como judío.

"La primera me afectó, la segunda fue un honor", cuenta mientras cierra la caja.

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