Viajes

Mineral de Pozos, el México de antaño

Este pueblito de paisaje semiárido y pasado minero, a tan sólo 45 minutos de San Miguel de Allende, tiene todo para recibir a los viajeros

Por  El Debate

Este pueblito de paisaje semiárido y pasado minero.(Agencia Reforma)

Este pueblito de paisaje semiárido y pasado minero. | Agencia Reforma

México, D.F.- Pocos adivinan que detrás de sus fachadas blancas, que a veces dejan al descubierto pedazos de adobe y piedra caliche, existen restaurantes y hoteles con patios que ofrecen mesas para desayunar al aire libre, sillas para sentarse cómodamente a tomar el sol y hasta jacuzzis para relajarse bajo un cielo completamente estrellado.

Se dice que Pozos tiene una energía que imanta gracias a la cantidad de cuarzo que hay en el suelo. Una manera de experimentar el poder sanador del destino es acudir a La Casa del Venado Azul, donde Luis Cruz elabora instrumentos prehispánicos desde hace más de 20 años, dirige baños de temascal y recibe huéspedes.

Descalzos, en un suelo cubiertos por petates y encima varias ramas de pirul, hojas que tienen el poder de transportarte, según los creyentes y curanderos de la zona, donde también incluyen la musicoterapia con melodías que integra los instrumentos elaborados con madera, hueso, barro, roca y semillas: la gravedad de un huehuétl, el arrullo de una ocarina, el rumor de un palo de lluvia y el tintín de una marimba de piedra.

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Ubicado a 28 kilómetros del pueblo de San José Insurgentes, Mineral de Pozos es una población que conserva el encanto legado por su pasado minero.

AUTÉNTICO TESORO
Sus minas centenarias, desde hace unos años abiertas al turismo, pusieron en el mapa viajero a este antiguo pueblo fantasma. Poco a poco se abrieron unos cuantos hoteles boutique y galerías. Tras su nombramiento como Pueblo Mágico, en 2012, ha renacido como una alternativa ecoturística y varios extranjeros lo han convertido en su hogar.

El esplendor de Pozos inició en el siglo 16 cuando los jesuitas construyeron los hornos de fundición, o chacuacos, clave arquitectónica del destino. Los beneficios de las minas atrajeron a miles de habitantes. Se abrieron tiendas y hasta burdeles. La categoría del pueblo se elevó y por un tiempo cambió su nombre al de Ciudad Porfirio Díaz.

Aquí llegaron a vivir unas 70 mil personas, sin embargo, tras la catástrofe que inundó los túneles y puso fin a la extracción, quedaron solo unas 200.

Los Hornos Jesuitas, conocidos también como chacuacos, fueron instalados por la Compañía de Jesús durante el siglo 16, y fueron empleados en la extracción de plata.

LOS HABITANTES
Actualmente conviven unos tres mil habitantes. A los paseos por los túneles mineros se han sumado nuevas razones para conocer, entre ellas, que el mezcal que se produce en el municipio de San Luis de la Paz (al que pertenece Pozos) recibió a principios de diciembre la Denominación de Origen: pronto no sólo habrá minas abiertas a los visitantes, sino productoras para conocer el proceso del destilado de agave.

Este es buen momento de experimentar el destino, antes de que el eco de su encanto de refugio en medio de la nada retumbe con más fuerza y se le quite lo silencioso.

 Los espacios de este poblado han cautivado a decenas de artistas, pero especialmente a cineastas que han rodado diversos filmes en este sitio.
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